Reciban un abrazo fraterno. Compartimos plenamente la preocupación y el compromiso por la defensa del agua y de la vida en el Valle de San Juan, y justamente por eso queremos aportar algunas reflexiones con ánimo constructivo.

La Cordillera Central ya está reconocida como Reserva de la Biósfera. Aunque esta figura no es una categoría de área protegida, sí establece límites, compromisos y orientaciones que podemos usar con fuerza en nuestras demandas. A esto se suma que la región cuenta con numerosas áreas protegidas, lo que confirma su altísimo valor ambiental e hídrico.

Creemos que el centro de nuestra lucha no debe ser pedir nuevas categorías de protección, sino exigir políticas públicas serias de ordenamiento territorial: que se prohíban actividades incompatibles, que se asuma la restauración ambiental de las zonas degradas, que se invierta en la modernización y el fortalecimiento de la agricultura, que se use el agua de manera más eficiente, y que se impulse la diversificación productiva y el valor agregado a nuestros productos.

El gran problema del Valle no es la falta de protección, sino la ausencia de políticas públicas coherentes. También es clave asumir tareas de restauración ambiental y definir usos del suelo que cuiden el agua, la producción y a las comunidades.

Convertir toda la zona en un área protegida podría generar más conflictos sociales que soluciones, afectando a quienes viven y producen en el territorio. Defender el agua y la vida pasa hoy por ordenar el territorio y exigir al Estado que cumpla su responsabilidad.