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DESDE LOS TIEMPOS DE LA PESTE AL COVID-19

Inmersos en el estado de sitio mundial que persigue neutralizar los efectos nocivos de la pandemia de Covid-19

Publicado: 23/04/2020

DESDE LOS TIEMPOS  DE LA PESTE AL  COVID-19

<p>DESDE LOS TIEMPOS&nbsp; DE LA PESTE AL&nbsp; COVID-19</p>

<p>Inmersos en el estado de sitio mundial que persigue neutralizar los efectos nocivos de la pandemia de Covid-19, debemos entender a ilustres literatos que en diferentes &eacute;pocas evaluaron el espanto psico-social de crisis sanitarias semejantes, para conseguir sus argumentos y producir algunas de sus obras estelares. La peste, enfermedad bacteriana producida por el bacilo de Yersin, transmitida por las pulgas de las ratas. Cuando no se conoc&iacute;a su etiolog&iacute;a aterroriz&oacute; a la humanidad y obviamente se convirti&oacute; en fuente de inspiraci&oacute;n de notables obras como: El Decamer&oacute;n de Giovanni Boccaccio, Diario del a&ntilde;o de la peste de Daniel Defoe, La peste de Albert Camus y la M&aacute;scara de la muerte roja de Edgar Allan Poe.&nbsp;&nbsp;</p>

<p>En Florencia, Italia, durante la epidemia de peste de 1348 fallecieron tres de cada cinco habitantes. El Decamer&oacute;n de Boccaccio, recrea una especie de &ldquo;cuarentena voluntaria&rdquo; de diez ciudadanos que huyeron de la contaminada Florencia y se instalaron por quince d&iacute;as en un camino a dos leguas de la ciudad, para pasar la tempestad&nbsp; epid&eacute;mica narrando cuentos. Al Decidir el retorno recordaban se alejaron buscando preservar sus vidas: [&hellip;] evitando el espect&aacute;culo de las miserias, de las angustias y de los horrores de que nuestra ciudad es teatro desde el comienzo de esta peste perniciosa&rsaquo;.</p>

<p>Daniel Defoe en su angustiante Diario del a&ntilde;o de la peste, nos presenta el relato novelado de la horrible epidemia en Londres para 1665. Al sintetizar el terror que provocaba la patolog&iacute;a, anot&oacute; que su hermano: [&hellip;] hab&iacute;a o&iacute;do decir en el extranjero, que la mejor manera de prepararse contra la peste era huir de ella&rsaquo;.&nbsp; Describ&iacute;a como se produc&iacute;a el enclaustramiento compulsivo de los afectados, colocando vigilantes en cada una de las puertas de sus casas para evitar salieran a las calles. Esperamos que aqu&iacute; no sea necesario ese procedimiento de cuatro siglos atr&aacute;s.</p>

<p>Edgar Allan Poe en 1842 public&oacute; su cuento La m&aacute;scara de la muerte roja, en este el pr&iacute;ncipe Pr&oacute;spero se encierra en su castillo con un exquisito grupo aristocr&aacute;tico para tratar de evadir la peste roja, que finalmente los liquid&oacute; a todos.</p>

<p>Albert Camus en 1947 public&oacute; su c&eacute;lebre novela La peste, inicia con el portero de un edificio muy enojado porque cre&iacute;a que un bromista le hab&iacute;a colocado exprofeso tres ratas muertas en un pasillo, ignorando se trataba de integrantes del ej&eacute;rcito pat&oacute;geno responsable de expandir la patolog&iacute;a, que tambi&eacute;n resultan v&iacute;ctimas de la pulga transmisora de la enfermedad. Luego se anunciaba que 6,231 ratas fueron recogidas muertas y quemadas en setenta y dos horas. Camus pasaba a describir los m&uacute;ltiples sinsabores de la epidemia, el doctor Rieux protagonista, persisti&oacute; en su labor incansable atendiendo a los enfermos, recibiendo la desagradable noticia de la muerte de su esposa tambi&eacute;n contagiada. Camus apunt&oacute; que para Rieux: &lsaquo;Su oficio continuaba: no hay vacaciones para los enfermos&rsaquo;. Cada vez que leo ese pasaje evoc&oacute; al maestro de la pediatr&iacute;a Te&oacute;filo Gautier, que descartaba otorgarnos a los residentes d&iacute;as libres en las Navidades&nbsp; alegando con toda raz&oacute;n que los &lsaquo;pacientes llegan todos los d&iacute;as&rsaquo;.&nbsp;</p>

<p>El inmenso Gabriel Garc&iacute;a M&aacute;rquez no conoci&oacute; las despiadadas epidemias de c&oacute;lera en su auge devastador, porque&nbsp; ya se advert&iacute;a su transmisi&oacute;n a trav&eacute;s del agua. Con su talento extraordinario las estudi&oacute; y nos gratific&oacute; con la muy exquisita novela: El amor en los tiempos del c&oacute;lera. Aprovechando el p&aacute;nico que irradiaba la enfermedad, para explicar los perennes anhelos y el triunfo del anciano Florentino Ariza al lograr cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s el amor de Fermina Daza. Sin querer interrumpir aquellos momentos sublimes de luna de miel durante una traves&iacute;a mar&iacute;tima, Florentino Ariza ordenaba al capit&aacute;n de su barco que izara la bandera amarilla del c&oacute;lera para que nadie los molestara navegando &lsaquo;toda la vida&rsaquo;, aprovechando la &ldquo;inmunidad&rdquo; que provocaba el temor social a la bandera amarilla del c&oacute;lera.&nbsp;</p>

<p>Estas portentosas obras literarias fueron forjadas asimilando la tormentosa realidad epid&eacute;mica mundial.&nbsp;</p>

<p>Nuestra tierra no ha estado ausente de graves epidemias, desde que los espa&ntilde;oles introdujeron la primera conocida en Am&eacute;rica, la de viruelas en 1517. Ha sido largo el andar. Tres siglos despu&eacute;s cuando ellos promovieron la maravillosa expedici&oacute;n del doctor Balmis, que parti&oacute; en 1803 para traer la vacuna a Am&eacute;rica, de modo parad&oacute;jico el &uacute;nico lugar donde no la introdujeron fue en esta antigua colonia, porque previamente la hab&iacute;an regalado en los acuerdos de Basilea a los franceses, aunque estaba poblada entre otros por muchos ciudadanos espa&ntilde;oles y sus descendientes.&nbsp;</p>

<p>Veamos brevemente algunas de las m&uacute;ltiples epidemias que nos han afectado, por ejemplo la &uacute;ltima de c&oacute;lera del siglo XIX ocurri&oacute; en enero de&nbsp; 1868. La Capital estaba cercada por las turbamultas armadas de Buenaventura B&aacute;ez y gobernaba Jos&eacute; Mar&iacute;a Cabral y Luna, se produjo un descuido y se permiti&oacute; la entrada al puerto de una goleta con pasajeros infectados y el c&oacute;lera sencillamente arras&oacute;. Como la ciudad estaba sitiada esto de modo espont&aacute;neo sirvi&oacute; de cord&oacute;n sanitario e impidi&oacute; se propagara al interior. Las armas contribuyeron a la terap&eacute;utica.&nbsp;</p>

<p>En la primera intervenci&oacute;n norteamericana, para 1918 lleg&oacute; al pa&iacute;s la pandemia de la gripe espa&ntilde;ola (influenza) que desat&oacute; una alta mortalidad. En la Capital se hizo famosa una l&oacute;brega carretilla, un ata&uacute;d de color negro con ruedas, que la poblaci&oacute;n bautiz&oacute; con el enigm&aacute;tico nombre de &ldquo;La Negrita&rdquo;. Todas las ma&ntilde;anas &ldquo;La Negrita&rdquo; realizaba un recorrido f&uacute;nebre, recogiendo las nuevas bajas por los barrios. Se coment&oacute; el poeta Apolinar Perdomo, v&iacute;ctima de la epidemia fue sepultado vivo.&nbsp;</p>

<p>Durante la infausta &ldquo;Era de Trujillo&rdquo; se presentaron m&uacute;ltiples epidemias, pero adrede eran ocultadas como la de difteria que afect&oacute; hasta a Ramfis Trujillo en 1937. Nunca se ha&nbsp; podido averiguar ni siquiera el verdadero n&uacute;mero aproximado de v&iacute;ctimas. Son de las estad&iacute;sticas que se trag&oacute; la censura de la tiran&iacute;a.</p>

<p>La epidemia de polio en 1951 fue silenciada, y en 1960 Trujillo ordenaba recolectar fondos para &ldquo;ayudar&rdquo; a los ni&ntilde;os enfermos de polio en Venezuela, presidida entonces por su arch&iacute;-enemigo R&oacute;mulo Betancourt, mientras pretend&iacute;a ocultar que el hospital Moscoso Puello que estaba sin inaugurar, fue necesario habilitarlo r&aacute;pidamente para atender los ni&ntilde;os afectados de otra epidemia de polio que dej&oacute; un alto espiral de v&iacute;ctimas. Ante la grave situaci&oacute;n se vio compelido a ceder y permitir que se usara el hospital antes de inaugurar. La realidad lo oblig&oacute; a desprenderse del af&aacute;n de estrenar obras, caracter&iacute;stica del exaltado ego de algunos mandatarios alegando que las hicieron ellos, cuando en realidad son necesidades que se construyen con los recursos que aporta el propio pueblo.</p>

<p>En la actualidad se conocen los par&aacute;metros para prevenir y manejar las epidemias, diferente a &eacute;pocas pret&eacute;ritas no estamos tan indefensos como nuestros antepasados. S&iacute; tenemos resultados harto aciagos como nos recuerdan las obras antes mencionadas, es por desidia y esta solo es atribuible a quienes deben disponer los recursos necesarios y dictar las medidas pol&iacute;ticas y epidemiol&oacute;gicas correctas. El pron&oacute;stico es desolador, una jerarqu&iacute;a suprema encerrada con una posici&oacute;n estrat&eacute;gica, que se ha evidenciado no viable para arrinconar al enemigo com&uacute;n Covid-19. Con ciertos funcionarios que deducen que cualquier comentario adverso es una competencia partidaria y a ellos no se les puede tumbar el pulso.&nbsp;</p>

<p>Como las dem&aacute;s, tarde o temprano la tormenta Covid-19 pasar&aacute; y se albergar&aacute; en el lugar que le corresponde: las p&aacute;ginas de la historia. Pero el compromiso de todos es que este impertinente embajador de la muerte se retire cuanto antes y con la menor carga luctuosa posible.</p>

<p>&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; Santiago Castro Ventura<br />
&nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp; &nbsp;M&eacute;dico-pediatra</p>

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