Retos de la crisis del COVID 19 y desequilibrios económicos y sociales
Publicado: 19/09/2020
<p><strong>*Por Rafael Espinal</strong></p>
<p>El mundo entró en la pandemia del COVID a mediados de marzo y la República Dominicana inició un cierre total de su espacio aéreo y un coma inducido de la economía, al declarar un estado de emergencia, una paralización de las actividades productivas y servicios no esenciales y un largo toque de queda diario para evitar un trastorno irrecuperable del sistema sanitario.</p>
<p>Estas acciones preventivas de mayores daños en la salud de la población,han generado desequilibrios extraordinarios en el sector externo de la economía, una caída brusca del PIB y del empleo, y un desbalance inesperado en el déficit público, por la caída de los ingresos y la necesidad de expansión del gasto en salud y en la creación de líneas de vida.</p>
<p>La pandemia afecta de modo sensible a las economías que tienen un fuerte componente de turismo en su estructura productiva. En el caso dominicano, <strong>aunque el turismo representa el 7.5% del PIB, los encadenamientos productivos con otros sectores explican hasta el 20% de su estructura económica y un generador de alrededor de 350 mil empleos directos e indirectos.</strong> La pérdida de empleos en los países de origen de los turistas, el temor a viajar y el cierre de fronteras aéreas han colapsado la oferta de divisas en cerca de 5 mil millones de dólares y su recuperación en 2021 no tiene un porvenir promisorio.</p>
<p>El déficit de cuenta corriente podría aproximarse alrededor del 6.5% del PIB, si sumamos además, la reducción de las exportaciones, de las remesas y de la inversión extranjera, con un balance negativo de unos 9 mil millones de dólares. Sin dudas, este desequilibrio se expresa en un alza interanual de la tasa de cambio en más de un 11.3% al mes de julio. Asimismo, la pérdida de Reservas Internacionales Netas se ha reducido desde diciembre a la fecha en cerca de 3 mil millones de dólares.</p>
<p>El Banco Central en su informe del primer semestre del año calcula un derrumbe en el PIB del orden de -8.5 por ciento. Mientras la CEPAL pronostica una reducción de la economía -5.2% para el cierre, mientras algunas calificadoras de riesgo estiman un -6.5 % en el decrecimiento para el 2020. Este desplome de la producción de bienes y servicios se manifiesta de modo dramático en la suspensión de 1 millón 335 mil trabajadores y la quiebra masiva de numerosas empresas, en especial las pequeñas empresas formales e informales, una generalizada caída en el consumo y una desconcertante inseguridad en el futuro del sistema educativo y de la capacidad fiscal del gobierno para solventar las necesidades de apoyo por vía de transferencias monetarias a los consumidores y a las empresas para atenuarlos efectos sociales de la crisis.</p>
<p>De cara a este drama,el presidente electo Luis Abinader asume el gobierno con la encomienda de establecer prioridades políticas inmediatas para proporcionar alivio a la familia dominicana y promover la recuperación económica. Para iniciar este propósito necesitará con urgencia obtener recursos frescos para afrontar un déficit público superior a 300 mil millones de pesos.</p>
<p>Desde nuestra perspectiva, debe acudir al FMI para negociar de inmediato un acuerdo de facilidad financiera de largo alcance,que provea dólares para mejorar la posición de balanza de pagos y permita flexibilizar la demanda de recursos para extender y ampliar hasta diciembre los programas de transferencia monetaria y de apoyo a las PYMES por vía de moratorias fiscales, suspensión de anticipos y facilitación de fondos líquidos para capital de trabajo a tasas de interés subsidiadas. Asimismo, el nuevo gobierno tiene dentro de sus alternativas inmediatas realizar una emisión de bonos soberanos por no menos de 2 mil millones de dólares, aprovechando la buena calificación que aun ostenta la economía dominicana.</p>
<p>Por otra parte, las autoridades monetarias deben mantener y ampliar una política monetaria expansiva con una baja tasa de interés y una flexibilización del crédito, propiciando una cierta modificación a la normativa bancaria para apoyar a las medianas y pequeñas empresas, aun cuando esto implique una relativa política de adaptación a unas metas de inflación menos rígidas y de control de la tasa de cambio del dólar.</p>
<p>Finalmente, la política expansiva de gasto público para propiciar un retorno de la demanda agregada y del empleo, resultante de apalancamiento financiero al que están obligados las nuevas autoridades, no debe enfocarse exclusivamente en extender y prolongar las líneas de vida de los programas sociales, sino que corresponde desarrollar un plan nacional de inversiones en sectores claves de la industria, en la producción de alimentos y de obras de infraestructura para evitar una crisis alimentaria y el retorno a la pobreza de miles de trabajadores parados y de familias arruinadas por el colapso económico del COVID 19.</p>
<p><strong>*El autor coordinador de la Escuela de Economía de Intec.</strong></p>