Turno Libre

Cuando el amor desafió el "toque de queda"

La gente aligeró sus diligencias lo más temprano posible para evitar encontrarse con el "toque de queda" en plena calles de la ciudad.

Publicado: 28/11/2020

Cuando el amor desafió el "toque de queda"

<p>La ciudad se tornaba tensa, los ciudadanos caminaban presurosos hacia sus casas y las organizaciones pol&iacute;ticas de oposici&oacute;n hab&iacute;an llamado a la resistencia nacional en contra del gobierno de Joaqu&iacute;n Balaguer.</p>

<p>La gente aliger&oacute; sus diligencias lo m&aacute;s temprano posible para evitar encontrarse con el &ldquo;toque de queda&rdquo; en plena calles de la ciudad.</p>

<p>Barahona era &ldquo;un basti&oacute;n&rdquo; de la lucha revolucionaria. En esta ciudad sure&ntilde;a converg&iacute;an el PRD, Movimiento Popular Dominicano (MPD), Partido Comunista (PC-pro URSS) Partido Comunista de la Rep&uacute;blica Dominicana (PACOREDO), L&iacute;nea Roja del 14 de Junio (estos dos &uacute;ltimos pro chinos) y el Bloque Revolucionario Camilo Torres (pro cubano).</p>

<p>Apenas transcurr&iacute;a los primeros cuatro a&ntilde;os de la patri&oacute;tica Guerra de Abril de 1965. Se hab&iacute;a producido el golpe de Estado en contra del gobierno del profesor Juan Bosch, luego la revuelta abrile&ntilde;a y acontec&iacute;a el primer gobierno del presidente Balaguer. La maquinaria de este zorro de la pol&iacute;tica dominicana se aprestaba a imponer la reelecci&oacute;n &ldquo;contra viento y marea&rdquo;, a la vez que se puso en marcha una estrategia de factura extranjera: el exterminio de j&oacute;venes dirigentes de izquierda que denominaban &ldquo;cabezas calientes&rdquo;, muchos de los cuales se convirtieron en m&aacute;rtires.</p>

<p>La poblaci&oacute;n barahonense ya hab&iacute;a aportado sus muertos. La resistencia, no obstante, era indomable en los barrios, el movimiento estudiantil y en los campos.</p>

<p>En esta oportunidad se convoc&oacute; a una huelga general. La poblaci&oacute;n lo acogi&oacute; casi en su totalidad. Eso implic&oacute; cierre de comercios, paralizaci&oacute;n del tr&aacute;nsito y protestas en los liceos, escuelas y barrios. Desde que asom&oacute; la noche comenzaron a escucharse estruendosos estallidos de bombas en distintos sectores de la ciudad, especialmente en barrios populares, &ldquo;en medio del toque de queda&hellip;&rdquo;. Las pocas personas que todav&iacute;a circulaban en las calles comenzaron raudos a recogerse.</p>

<p>&ldquo;Para la libertad, sangro, lucho, pervivo<br />
Para la libertad, mis ojos y mis manos&hellip; (Canci&oacute;n Para la Libertad de Joan Manuel Serrat).<br />
A&ntilde;os despu&eacute;s se cant&oacute; tambi&eacute;n &ldquo;Obrero dame la mano&rdquo; del grupo Expresi&oacute;n Joven que dec&iacute;a: &ldquo;&hellip;obreros a luchar&hellip;obreros a luchar&rdquo;, as&iacute; como canciones de V&iacute;ctor Jara, Atahualpa Yupanqui y otros cantautores cuyas interpretaciones serv&iacute;an de acicate para motivar las protestas y la lucha clandestina en contra del estado de cosas de &eacute;pocas superadas.</p>

<p>En aquella ocasi&oacute;n, no obstante la situaci&oacute;n, decid&iacute; visitar a mi entonces novia Luz Virginia (mi fenecida esposa y con quien form&eacute; una bella y estable familia). Con esta actitud me expuse a correr todos los riesgos que pudieron presentarse en medio de esta situaci&oacute;n de excepci&oacute;n.</p>

<p>Llegu&eacute; a su casa ubicada en la cercan&iacute;a de la parroquia Cristo Rey. Viv&iacute;a con mi hermano Vinicio que resid&iacute;a en la calle 30 de mayo, en el otro en el otro extremo de la ciudad. Tuve el problema de que no era del todo aceptado por parte de Petronila (Pech&oacute;n) la madre de Luz y, por tanto, &eacute;sta puso el tru&ntilde;o desde que me vio llegar a su hogar.</p>

<p>&ldquo;Pero bueno muchacho, t&uacute; no ves c&oacute;mo est&aacute; la situaci&oacute;n&hellip;a ti no te para ni las huelgas&rdquo;, me enrostr&oacute; la dama. No repar&eacute; a sus expresiones, mi mente y todo mi ser en ese momento estaba enfocado en ver a mi novia, observarla e imbuirme en la fragancia embriagadora de este ser &uacute;nico e irrepetible.</p>

<p>-&ldquo;El hombre enamorao, tiene un &aacute;ngel en el cielo&hellip;el hombre enamorao a nada le tiene miedo&hellip; (merengue popular de Johnny Ventura).</p>

<p>El tiempo pas&oacute; m&aacute;s r&aacute;pido de lo esperado. Do&ntilde;a Pech&oacute;n se cans&oacute; de acompa&ntilde;arnos en la sala de la casa y por fin se fue a dormir mientras yo escuchaba a Raphael ajeno a lo que ocurr&iacute;a en la ciudad.</p>

<p>-&ldquo;Qu&eacute; pasar&aacute;, que misterio habr&aacute; puede ser mi gran noche&hellip;<br />
y al despertar ya mi vida sabr&aacute; algo que no conoce&hellip; (Raphael de Espa&ntilde;a).</p>

<p>Cuando quise reaccionar era casi las once de la noche. Se escuchaban todav&iacute;a de manera intermitente uno que otros estruendos de poderosas &ldquo;bombas caseras&rdquo; que detonaban en distintas partes de la ciudad.</p>

<p>-Bueno mi amor, ya tienes que irte; si amaneces aqu&iacute; mi madre me acaba, me hace un gran esc&aacute;ndalo&hellip;t&uacute; sabes.</p>

<p>Consent&iacute; que ten&iacute;a que irme y me desped&iacute;, no sin antes hacer alguna resistencia para que me colmaran de besos intensos y c&aacute;lidos abrazos. No ten&iacute;a de otra. Sub&iacute; a la calle Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario &ndash;la casa estaba ubicada en una especie de pendiente-. Ah&iacute; pude palpar la magnitud de mi osad&iacute;a, estaba solo en la inmensidad de anchurosas calles, no hab&iacute;a un ser humano en aquellas arterias. Caminaba solitario en aquellas calles inmensas, acompa&ntilde;ado de espor&aacute;dicos estallidos de bombas caseras.<br />
-&rdquo;El hombre enamorao tiene un &aacute;ngel en el cielo&hellip;&rdquo;.<br />
Nada m&aacute;s comenc&eacute; a avanzar por la calle cuando de s&uacute;bito se apareci&oacute; en el horizonte una patrulla policial. Los integrantes de la misma, fuertemente armados, me dieron alcance mientras caminaba por la acera, pero no me detuvieron, se limitaron a observarme. Una vor&aacute;gine de pensamientos fatales se asom&oacute; a mi cabeza. Pens&eacute; que era mi final y siendo apenas un mozalbete calcul&eacute; que mi vida llegar&iacute;a a su t&eacute;rmino. En esa turbulencia de pensamientos sombr&iacute;os y cavilaciones llegaron a mi cerebro cosas como que: &ldquo;ser&iacute;a ultimado por la patrulla&rdquo;, &ldquo;me llevar&iacute;an preso y me acusar&iacute;an del estallido de las bombas&rdquo;,</p>

<p>&ldquo;justificar&iacute;a un intercambio de disparos y me liquidaban&hellip;&rdquo;.</p>

<p>Pens&eacute; tambi&eacute;n en ese momento crucial, en que si me hubiera llevado de Pech&oacute;n cuando me dijo que me retirara temprano, tal vez no estuviera atravesando la candente situaci&oacute;n.</p>

<p>Segu&iacute; caminando por la acera, mientras la patrulla avanzaba justo detr&aacute;s de m&iacute; y a cierta distancia en un &ldquo;jeep Willy&rdquo; descapotado. Calcul&eacute; salir corriendo en uno de los primeros callejones que encontrara en mi camino. Pero algo me frenaba: &ldquo;si corres te van a acribillar, sigue caminando, sigue caminando&hellip;&rdquo;. Ahora, con el paso del tiempo, creo que me protegieron los seres queridos que ya moran en la eternidad.</p>

<p>Por eso contin&uacute;e como si ignorara la presencia policial. En un momento el veh&iacute;culo aceler&oacute; y se puso paralelo a m&iacute;. Todos sus ocupantes me miraron &ndash;miradas fijas y penetrantes-, pero con cierta pena. &ldquo;&Eacute;ste ser&aacute; ahorita un muerto seguro&hellip;&rdquo;, cavil&eacute;. Me lleg&oacute; a la mente un pensamiento inaudito: Esperaban la mejor oportunidad para atraparme y matarme.</p>

<p>No se visualizaba a nadie por ninguna parte, las calles luc&iacute;an desoladas y yo all&iacute; vigilado de cerca por la patrulla policial. Ni siquiera eran visibles los cl&aacute;sicos &ldquo;mirones&rdquo; que a veces avistan por las persianas. De vez en cuando se segu&iacute;an escuchando estallidos furtivos y espor&aacute;dicos de bombas.</p>

<p>Aunque era portador, me abrazaba un temor inmenso, decid&iacute; dejar atr&aacute;s la patrulla y pasar a la calle paralela a la Nuestra Se&ntilde;ora del Rosario. Sent&iacute; cierto alivio porque aparentemente, seg&uacute;n calcul&eacute;, los polic&iacute;as hab&iacute;an dejado de seguirme. Avanc&eacute; r&aacute;pido, mientras travesaba a pies la ciudad y apenas hab&iacute;a avanzado la mitad del recorrido. Pero cuando observ&eacute;, calles a bajos, la patrulla estaba parada m&aacute;s adelante, esper&aacute;ndome.<br />
&ndash;Ahora s&iacute; se me van a lanzar&rdquo;, conjetur&eacute;. Le pas&eacute; por el lado y me miraron nuevamente de manera fija y escrutadora.</p>

<p><strong>Mi salvaci&oacute;n</strong></p>

<p>Francisco Pe&ntilde;a, era un reputado abogado de Tamayo que decidi&oacute; ingresar a la Polic&iacute;a porque sufri&oacute; en su pueblo natal una imperdonable decepci&oacute;n, ya que all&iacute; decidieron destituirlo para nombrar en su posici&oacute;n de juez de Paz &ldquo;a un conocido zapatero&rdquo; del lugar, que &ldquo;no conoc&iacute;a nada de leyes&rdquo;, pero era del partido de gobierno.</p>

<p>-&ldquo;Con relaci&oacute;n a m&iacute; padre, &eacute;ste fue Juez de Paz de Tamayo y Ernesto Escanio fue fiscalizador, Papoicito y Sarito Beltr&eacute; tambi&eacute;n eran de la justicia, me relat&oacute; Juan Francisco, un arquitecto, artista y acad&eacute;mico que ejerce en esta capital. Y agreg&oacute;: &ldquo;Pap&aacute; era un excelente orador, due&ntilde;o de un l&eacute;xico poco com&uacute;n a esa edad, lo cual le ayud&oacute; a ser admitido en esa &ldquo;UASD de &eacute;lites&rdquo;.</p>

<p>Tiempo despu&eacute;s, ya graduado de Doctor en Derecho (1961) ocup&oacute; ese cargo de Juez de Paz ayudado por su simpat&iacute;a con la Uni&oacute;n C&iacute;vica Nacional (UCN). Fue cancelado por esa misma raz&oacute;n (era c&iacute;vico) cuando el PRD sube al poder (1963) y es sustituido por Luis Romero, un reconocido zapatero, padre de nuestro admirado y afamado voleibolista H&eacute;ctor Romero (Sal&oacute;n de la Fama del Deporte)&rdquo;.</p>

<p>Juan Francisco me narr&oacute; que su padre acept&oacute; con dignidad esa &laquo;voluntad pol&iacute;tica&raquo; que emanaba de la naciente Democracia y se retir&oacute; a la tranquilidad de su hogar. Pero, la incompetencia no pudo triunfar sobre la decencia y el buen proceder, m&aacute;s tarde fue reclamado por la poblaci&oacute;n para que ocupara el cargo de nuevo&hellip;Su orgullo y verg&uuml;enza los mantuvo en alto, no acept&oacute; la humillaci&oacute;n anterior y rechaz&oacute; la propuesta&rdquo;.</p>

<p>Manifest&oacute; que fue &ldquo;en ese contexto pol&iacute;tico y econ&oacute;mico&rdquo; que &eacute;ste decide emigrar e ingresar a la Polic&iacute;a Nacional&rdquo;, instituci&oacute;n donde permaneci&oacute; a&ntilde;o y medio, lapso durante el cual qued&oacute; atrapado junto a su familia por el estallido de la Guerra de Abril que se produjo en la capital.</p>

<p>Despu&eacute;s de la guerra fue enviado de puesto a Barahona. Despu&eacute;s &eacute;ste &ldquo;enferm&oacute; en la polic&iacute;a y fue pensionado gracias a la recomendaci&oacute;n de sus buenos compa&ntilde;eros&rdquo;, rememor&oacute; su hijo Francisco.</p>

<p><strong>Me esperaban</strong></p>

<p>Casi llegaba la medianoche y yo todav&iacute;a no hab&iacute;a llegado a mi casa, a pesar de m&iacute; caminar apresurado. Cruc&eacute; de nuevo por el lado de la patrulla que volvi&oacute; a darme seguimiento, Miraba de reojo hacia atr&aacute;s y all&iacute; me estaba, escoltando. No sab&iacute;a qu&eacute; hacer, ni me apresaban ni me dejaban ir. Estuve a punto del colapso. Nadie resiste tanto, creo que logr&eacute; aguantarme por mi tierna edad, ya que apenas perfilaba entre los 16 y 17 a&ntilde;os.<br />
Cuando llegu&eacute; a la casa donde resid&iacute;a con mi hermano Vinicio y proced&iacute; a abrir la puerta, el contingente policial se abalanz&oacute; sobre m&iacute; rastrillando sus armas. Me recostaron en contra de la pared y espetaron de manera en&eacute;rgica:</p>

<p>-&ldquo;No se mueva, usted est&aacute; preso&hellip;&rdquo;. De inmediato me tomaron los brazos y me esposaron con las manos hacia la espalda. El jefe de la patrulla que hab&iacute;a permanecido en el veh&iacute;culo se desmont&oacute; tranquilamente y se dirigi&oacute; hacia m&iacute; lanz&aacute;ndome una recia advertencia:<br />
-&ldquo;Cualquiera te deja preso buen charlat&aacute;n, a eso t&uacute; vienes a Barahona, a perder el tiempo y don Eloy all&aacute; en Tamayo pensando que viniste a estudiar &iexcl;sin verg&uuml;enza!&rdquo;.</p>

<p>Era el teniente y abogado Pe&ntilde;a, un fervoroso amigo y compa&ntilde;ero de partido de mi padre en la Uni&oacute;n C&iacute;vica Nacional y que hab&iacute;a perdido su puesto de juez en Tamayo. Me hab&iacute;a seguido desde un principio. Despu&eacute;s de serias amonestaciones y rega&ntilde;os, el oficial dispuso que los agentes me quitaran las esposas y esper&oacute; que abriera la puerta y entrara a la casa.</p>

<p>-&ldquo;Yo voy ma&ntilde;ana para Tamayo, dir&eacute; a don Eloy en lo que t&uacute; est&aacute;s aqu&iacute; en Barahona&rdquo;, vocifer&oacute; desde el veh&iacute;culo y prosigui&oacute; en el patrullaje.</p>

<p>El doctor Pe&ntilde;a fue un excelente oficial de la Polic&iacute;a. Falleci&oacute; tiempo despu&eacute;s ejerciendo la profesi&oacute;n de abogado en la capital. Siempre esper&eacute; que mi padre me refiriera la advertencia que me hizo aquel oficial amigo de la familia, pero parece que este nunca dijo nada.</p>

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