Turno Libre

El Fidel que yo conocí

Por: Gabriel García Márquez En este artículo: Cuba, Fidel Castro Ruz, Fotografía, Gabriel García Márquez, Revolución cubana

Publicado: 13/08/2021

El Fidel que yo conocí

<p>Fidel en su oficina en el a&ntilde;o 2001. Foto: Burt Glin.</p>

<p>Su devoci&oacute;n por la palabra. Su poder de seducci&oacute;n. Va a buscar los problemas donde est&eacute;n.&nbsp;Los &iacute;mpetus de la inspiraci&oacute;n son propios de su estilo. Los libros reflejan muy bien la amplitud de sus gustos. Dej&oacute; de fumar para tener la autoridad moral para combatir el tabaquismo. Le gusta preparar las recetas de cocina con una especie de fervor cient&iacute;fico. Se mantiene en excelentes condiciones f&iacute;sicas con varias horas de gimnasia diaria y de nataci&oacute;n frecuente. Paciencia invencible. Disciplina f&eacute;rrea. La fuerza de la imaginaci&oacute;n lo arrastra a los imprevistos. Tan importante como aprender a trabajar es aprender a descansar.</p>

<p>Fatigado de conversar, descansa conversando. Escribe bien y le gusta hacerlo. El mayor est&iacute;mulo de su vida es la emoci&oacute;n al riesgo.&nbsp;La tribuna de improvisador parece ser su medio ecol&oacute;gico perfecto. Empieza siempre con voz casi inaudible, con un rumbo incierto, pero aprovecha cualquier destello para ir ganando terreno, palmo a palmo, hasta que da una especie de gran zarpazo y se apodera de la audiencia. Es la inspiraci&oacute;n: el estado de gracia irresistible y deslumbrante, que s&oacute;lo niegan quienes no han tenido la gloria de vivirlo. Es el antidogm&aacute;tico por excelencia.</p>

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<p>Jos&eacute; Mart&iacute; es su autor de cabecera y ha tenido el talento de incorporar su ideario al torrente sangu&iacute;neo de una revoluci&oacute;n marxista. La esencia de su propio pensamiento podr&iacute;a estar en la certidumbre de que hacer trabajo de masas es fundamentalmente ocuparse de los individuos.</p>
</blockquote>

<p>Esto podr&iacute;a explicar su confianza absoluta en el contacto directo. Tiene un idioma para cada ocasi&oacute;n y un modo distinto de persuasi&oacute;n seg&uacute;n los distintos interlocutores. Sabe situarse en el nivel de cada uno y dispone de una informaci&oacute;n vasta y variada que le permite moverse con facilidad en cualquier medio.&nbsp;Una cosa se sabe con seguridad: est&eacute; donde est&eacute;, como est&eacute; y con quien est&eacute;, Fidel Castro est&aacute; all&iacute; para ganar.&nbsp;Su actitud ante la derrota, aun en los actos m&iacute;nimos de la vida cotidiana, parece obedecer a una l&oacute;gica privada: ni siquiera la admite, y no tiene un minuto de sosiego mientras no logra invertir los t&eacute;rminos y convertirla en victoria. Nadie puede ser m&aacute;s obsesivo que &eacute;l cuando se ha propuesto llegar a fondo a cualquier cosa. No hay un proyecto colosal o milim&eacute;trico, en el que no se empe&ntilde;e con una pasi&oacute;n encarnizada. Y en especial si tiene que enfrentarse a la adversidad. Nunca como entonces parece de mejor talante, de mejor humor. Alguien que cree conocerlo bien le dijo: Las cosas deben andar muy mal, porque usted est&aacute; rozagante.</p>

<p>Las reiteraciones son uno de sus modos de trabajar. Ej.: El tema de la deuda externa de Am&eacute;rica Latina, hab&iacute;a aparecido por primera vez en sus conversaciones desde hac&iacute;a unos dos a&ntilde;os, y hab&iacute;a ido evolucionando, ramific&aacute;ndose, profundiz&aacute;ndose. Lo primero que dijo, como una simple conclusi&oacute;n aritm&eacute;tica, era que la deuda era impagable. Despu&eacute;s aparecieron los hallazgos escalonados: Las repercusiones de la deuda en la econom&iacute;a de los pa&iacute;ses, su impacto pol&iacute;tico y social, su influencia decisiva en las relaciones internacionales, su importancia providencial para una pol&iacute;tica unitaria de Am&eacute;rica Latina... hasta lograr una visi&oacute;n totalizadora, la que expuso en una reuni&oacute;n internacional convocada al efecto y que el tiempo se ha encargado de demostrar.</p>

<p>Su m&aacute;s rara virtud de pol&iacute;tico es esa facultad de vislumbrar la evoluci&oacute;n de un hecho hasta sus consecuencias remotas... pero esa facultad no la ejerce por iluminaci&oacute;n, sino como resultado de un raciocinio arduo y tenaz.&nbsp;Su auxiliar supremo es la memoria y la usa hasta el abuso para sustentar discursos o charlas privadas con raciocinios abrumadores y operaciones aritm&eacute;ticas de una rapidez incre&iacute;ble.</p>

<p>Requiere el auxilio de una informaci&oacute;n incesante, bien masticada y digerida. Su tarea de acumulaci&oacute;n informativa principia desde que despierta. Desayuna con no menos de 200 p&aacute;ginas de noticias del mundo entero.&nbsp;Durante el d&iacute;a le hacen llegar informaciones urgentes donde est&eacute;, calcula que cada d&iacute;a tiene que leer unos 50 documentos, a eso hay que agregar los informes de los servicios oficiales y de sus visitantes y todo cuanto pueda interesar a su curiosidad infinita.</p>

<p>Las respuestas tienen que ser exactas, pues es capaz de descubrir la m&iacute;nima contradicci&oacute;n de una frase casual. Otra fuente de vital informaci&oacute;n son los libros. Es un lector voraz. Nadie se explica c&oacute;mo le alcanza el tiempo ni de qu&eacute; m&eacute;todo se sirve para leer tanto y con tanta rapidez, aunque &eacute;l insiste en que no tiene ninguno en especial. Muchas veces se ha llevado un libro en la madrugada y a la ma&ntilde;ana siguiente lo comenta. Lee el ingl&eacute;s pero no lo habla. Prefiere leer en castellano y a cualquier hora est&aacute; dispuesto a leer un papel con letra que le caiga en las manos.&nbsp;Es lector habitual de temas econ&oacute;micos e hist&oacute;ricos. Es un buen lector de literatura y la sigue con atenci&oacute;n.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/fidel-castro-portada-libro-caujeri-guantanamo-1-julio-1977.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:575px" /></p>

<p>Fidel. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas.</p>

<p>Tiene la costumbre de los interrogatorios r&aacute;pidos. Preguntas sucesivas que &eacute;l hace en r&aacute;fagas instant&aacute;neas hasta descubrir el por qu&eacute; del por qu&eacute; del por qu&eacute; final. Cuando un visitante de Am&eacute;rica Latina le dio un dato apresurado sobre el consumo de arroz de sus compatriotas, &eacute;l hizo sus c&aacute;lculos mentales y dijo: Qu&eacute; raro, que cada uno se come cuatro libras de arroz al d&iacute;a. Su t&aacute;ctica maestra es preguntar sobre cosas que sabe, para confirmar sus datos. Y en algunos casos para medir el calibre de su interlocutor, y tratarlo en consecuencia.</p>

<p>No pierde ocasi&oacute;n de informarse. Durante la guerra de Angola describi&oacute; una batalla con tal minuciosidad en una recepci&oacute;n oficial, que cost&oacute; trabajo convencer a un diplom&aacute;tico europeo de que Fidel Castro no hab&iacute;a participado en ella. El relato que hizo de la captura y asesinato del Che, el que hizo del asalto de la Moneda y de la muerte de Salvador Allende o el que hizo de los estragos del cicl&oacute;n Flora, eran grandes reportajes hablados.</p>

<p>Su visi&oacute;n de Am&eacute;rica Latina en el porvenir, es la misma de Bol&iacute;var y Mart&iacute;, una comunidad integral y aut&oacute;noma, capaz de mover el destino del mundo. El pa&iacute;s del cual sabe m&aacute;s despu&eacute;s de Cuba, es Estados Unidos. Conoce a fondo la &iacute;ndole de su gente, sus estructuras de poder, las segundas intenciones de sus gobiernos, y esto le ha ayudado a sortear la tormenta incesante del bloqueo.</p>

<p>En una entrevista de varias horas, se detiene en cada tema, se aventura por sus vericuetos menos pensados sin descuidar jam&aacute;s la precisi&oacute;n, consciente de que una sola palabra mal usada puede causar estragos irreparables. Jam&aacute;s ha rehusado contestar ninguna pregunta, por provocadora que sea, ni ha perdido nunca la paciencia. Sobre los que le escamotean la verdad por no causarle m&aacute;s preocupaciones de las que tiene: El lo sabe. A un funcionario que lo hizo le dijo: Me ocultan verdades por no inquietarme, pero cuando por fin las descubra me morir&eacute; por la impresi&oacute;n de enfrentarme a tantas verdades que han dejado de decirme. Las m&aacute;s graves, sin embargo, son las verdades que se le ocultan para encubrir deficiencias, pues al lado de los enormes logros que sustentan la Revoluci&oacute;n los logros pol&iacute;ticos, cient&iacute;ficos, deportivos, culturales, hay una incompetencia burocr&aacute;tica colosal que afecta a casi todos los &oacute;rdenes de la vida diaria, y en especial a la felicidad dom&eacute;stica.</p>

<p>Cuando habla con la gente de la calle, la conversaci&oacute;n recobra la expresividad y la franqueza cruda de los afectos reales. Lo llaman: Fidel. Lo rodean sin riesgos, lo tutean, le discuten, lo contradicen, le reclaman, con un canal de transmisi&oacute;n inmediata por donde circula la verdad a borbotones. Es entonces que se descubre al ser humano ins&oacute;lito, que el resplandor de su propia imagen no deja ver. Este es el Fidel Castro que creo conocer: Un hombre de costumbres austeras e ilusiones insaciables, con una educaci&oacute;n formal a la antigua, de palabras cautelosas y modales tenues e incapaz de concebir ninguna idea que no sea descomunal.</p>

<p>Sue&ntilde;a con que sus cient&iacute;ficos encuentren la medicina final contra el c&aacute;ncer y ha creado una pol&iacute;tica exterior de potencia mundial, en una isla 84 veces m&aacute;s peque&ntilde;a que su enemigo principal. Tiene la convicci&oacute;n de que el logro mayor del ser humano es la buena formaci&oacute;n de su conciencia y que los est&iacute;mulos morales, m&aacute;s que los materiales, son capaces de cambiar el mundo y empujar la historia.</p>

<p>Lo he o&iacute;do en sus escasas horas de a&ntilde;oranza a la vida, evocar las cosas que hubiera podido hacer de otro modo para ganarle m&aacute;s tiempo a la vida. Al verlo muy abrumado por el peso de tantos destinos ajenos, le pregunt&eacute; qu&eacute; era lo que m&aacute;s quisiera hacer en este mundo, y me contest&oacute; de inmediato: pararme en una esquina.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/Fidel-posa-para-el-fot%C3%B3grafo-Paulo-580x949-580x949.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Fidel posa para el fot&oacute;grafo. Foto: Pablo Caballero/Fidel Soldado de las Ideas.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/Fidel-conversa-con-una-ni%C3%B1a-campesina-en-la-Comandancia-General-de-la-Sierra-Maestra-1958-580x854-580x854.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Fidel conversa con una ni&ntilde;a campesina en la Comandancia General de la Sierra Maestra en 1958. Foto: Instituto de Historia/Fidel Soldado de las Ideas</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/Fidel-visita-a-Mayari-Holguin-para-hablar-con-delegados-al-Festiva-de-la-Juventud-y-los-Estudiantes-en-1965-580x403-580x403.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Fidel visita a Mayar&iacute;, Holgu&iacute;n para hablar con delegados al Festival de la Juventud y los Estudiantes en 1965. Foto: Instituto de Historia/Fidel Soldado de las Ideas.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/fidel-con-su-perro-1965-foto-lee-lockwood-fuente-libro-la-cuba-de-fidel-580x386-580x386.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Fidel con su perro en 1965. Foto: Lee Lockwood/Fidel Soldado de las Ideas.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/fidel-2-580x385.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>La estrella. Foto: Roberto Chile.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/fidel-580x432.png" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Fidel en la Sierra Maestra luego del triunfo de la Revoluci&oacute;n. Foto: Alberto Korda.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/fidel_beisbol-580x775.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Fidel era un amante del deporte. Foto: Lee Locwood.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/fidel-1-1-580x390.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>CUBA. Havana. 2001. Fidel CASTRO in his office during a visit with photographer Burt GLINN.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/fidel-3-580x862.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Fidel en su despacho: Foto: Burt Gleen.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/fidel_0-580x356.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Fidel y Ra&uacute;l. Foto: Ismael Francisco/ Cubadebate</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/holguin-580x385.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Fidel conversa con campesinos. Foto: Sitio Fidel Soldado de las Ideas.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/fidel-1_1-580x392.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Fidel pronuncia un discurso. Foto: Lee Locwood.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/fidel_1-580x457.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Efusi&oacute;n compartida. Foto: Perfecto Romero.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/fidel_3-580x702.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Pensamiento. Foto: Roberto Chile.</p>

<p><img alt="" src="http://media.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2021/08/fidel_4-580x821.jpg" style="height:auto; margin:0px; width:580px" /></p>

<p>Foto: Roberto Salas.</p>

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