DEL LEGADO REVOLUCIONARIO de ROBERTO DUVERGÉ
Publicado: 21/07/2022
<p><strong>DEL LEGADO REVOLUCIONARIO de ROBERTO DUVERGÉ</strong></p>
<p>Con el término LEGADO, no creo que tengamos que abrir ninguna discusión.</p>
<p>Según el profesor Gúgol: Legado es esa cosa material o inmaterial que se deja en testamento o que se transmite de padres a hijos, de generación en generación.</p>
<p><img src="https://scharboy2009.files.wordpress.com/2013/07/roberto-duverge.jpg?w=723" style="float:right; height:308px; width:320px" />Pero con el término REVOLUCIONARIO, la cosa es diferente.</p>
<p>Y no es por fuñir o por “buscar un gato negro en una habitación oscura”. Nos entristece el concepto que <strong>no pocas personas</strong> tienen de esa palabra: “Rebusero”, “mata policía”, “terrorista”, “pone bomba”, “loco viejo”, “sin-oficio”, “degenerado”. Otros, menos agresivos, entienden que una persona revolucionaria no es más que alguien “idealista”, “soñador”…</p>
<p><strong>Para el Che</strong>, el revolucionario es aquella persona que se distingue del resto, por sentir, en lo más hondo de su ser, cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo.</p>
<p><strong>Para Carlos Marx</strong>, es la persona o ente social que operativiza su mayor descubrimiento: Que <strong>la Lucha de Clases</strong> es el motor de la historia (y no las cabezas calenturientas que llaman con un pito a conformar barricadas contra la policía).</p>
<p><strong>Para Rafael Domínguez</strong>, revolucionario es quien trabaja para que <strong>el componente ideológico</strong>, en los tres planos de la Lucha de Clases (el político, el económico y el cultural), <strong>sea cada vez más evidente</strong> (visible, palpable); para que, en esa medida, esa lucha de clases pueda tener capacidad transformadora y no nos quedemos en la lucha por la lucha. <strong>Sin ese rol, el revolucionario no tiene razón de ser.</strong></p>
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<p><strong>¿Cuál es la concepción de revolucionario que tenemos y cuál es la apropiada para</strong> <strong>definir nuestro rol como tales (ahora, mañana y siempre) y con ella poder apreciar</strong> <strong>el legado revolucionario de Roberto Duvergé?</strong></p>
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<p>Alguien dijo que <strong>el hombre es él y sus circunstancias</strong>. Nadie ha vivido ni vivirá al margen de ellas. Y es dentro de sus circunstancias que debemos ubicar el legado de Roberto; en lo individual y como parte del legado de su generación.</p>
<p><strong>1. LA VALENTÍA; EL CORAJE, LA INTREPIDEZ</strong></p>
<p><strong>Como parte de su generación</strong>, el legado que <strong>sobresale</strong> <strong>es el de la valentía</strong>. Para luchar contra el tirano y todo su aparato represivo, sobre todo a partir de la gesta de junio del 1959, se necesitaba de un valor y de un arrojo que en no pocos llegó hasta el extremo de la temeridad. Definitivamente, los pendejos no podíamos pertenecer a ese equipo. Y tal parece que sólo se necesitaba ser valiente y alcanzar cierto nivel de responsabilidad para calificar como militante revolucionario disciplinado. En muchos, sólo existía eso. Incluso, a veces daba la impresión de que se apostaba a quién era más guapo, realizando acciones temerarias sin ningún otro objetivo. Mostrar miedo, era algo muy vergonzoso. Coraje, hasta el martirologio, con pase a la eternidad… Eso nos legó esa generación de Roberto.</p>
<p>Lamentablemente, no fueron estos hombres y mujeres quienes le arrancaron la cabeza al tirano… Lo hicieron los allegados al Jefe, con el “visto bueno”, con los auspicios y el apoyo del gobierno de los EE. UU. Pero una vez muerto el perro, faltaba eliminar a los remanentes de la tiranía… en todo ese período, hasta el final de la contienda del 65, el arrojo y las ocurrencias, sin la más mínima fundamentación científica, fueron los elementos predominantes de esa generación, en donde Roberto dio muestras del blindaje de sus timbales…</p>
<p><strong>2. EL PENSAR CIENTÍFICAMENTE</strong></p>
<p>Finalizada la guerra, el grueso de los combatientes siguieron en una ofensiva temeraria. En el 1966 se inician los 12 años de Balaguer, desde el inicio de los cuales fueron eliminadas las cabezas más rebeldes y no menos valiosas. Otros fueron cooptados o comprados. En un reducido grupo de militantes empieza el cuestionamiento crítico autocrítico, con la dificultad de que el marxismo fue asumido como si fuese un catecismo de sectas religiosas y no como el instrumental para conocer científicamente la realidad social y para proceder científicamente a su transformación revolucionaria. Puede decirse que Roberto llegó él solito a entender la necesidad de pensar científicamente. De que se necesitaba algo más que valor para transformar la sociedad. Lo oí decir que él no podía llamarse militante socialista hasta que no fuera capaz de explicarse el socialismo en el plano económico. Asumió el estudio como una tarea revolucionaria. Ese es un legado de Roberto, sin el cual no saldremos hacia delante en términos revolucionarios.</p>
<p><strong>3. EL RECHAZO AL AUTOENGAÑO</strong></p>
<p>Pero ese descubrimiento lo llevó a dejarnos otro legado, sin el cual, ni hoy ni mañana será posible echar hacia delante la revolución: Pronunció lo que parecen las tres palabras prohibidas para los jefes de los distintos grupos de izquierda: “He estado equivocado”. Sin que esas palabras salgan por la boca, no es posible iniciar la marcha por el sendero de la autocrítica revolucionaria. Roberto se despojó del manto de la infalibilidad, no porque ella es un asunto teológico propiedad exclusiva de dios; sino porque sólo la verdad es siempre revolucionaria. Esa convicción debemos asumirla como otro legado revolucionario de Roberto.</p>
<p><strong>4. APRENDER DE LA GENTE SENCILLA DEL PUEBLO</strong></p>
<p>Otro legado revolucionario de Roberto fue su vínculo con la gente sencilla de los barrios y los campos… Tenía palabras propias para participar en cualquier discusión; pero prefería comprender, por experiencia directa, cómo piensa, cómo siente y cómo se comporta la gente marginada, la gran mayoría de la población que conforma al pueblo, quien sólo cuenta con su fuerza física y sus habilidades para buscársela. Probablemente seguía el consejo de Lenin, quien citaba a un poeta: “El desacuerdo entre los sueños y la realidad no produce daño alguno; siempre que la persona que sueñe se fije atentamente en la vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire, y, en general, trabaje escrupulosamente en la realización de sus fantasías. Cuando existe esa relación entre los sueños y la vida, todo va bien.” Aún siendo parte del alto magisterio académico (profesor de la UASD), sus deberes académicos no lo convirtieron en un academicista… Puso de novios a sus sueños con la realidad.</p>
<p><strong>5. ESCUCHAR CON RESPETO Y HABLAR CON HONESTIDAD</strong></p>
<p>A pesar de su enorme estatura de gigante y todo el respeto y admiración que inspiraba su delgada figura legendaria, Roberto nos hacía sentir compromisarios, en igualdad de derechos y deberes, para encontrar e implementar salidas… no para estar inventando o sacando de un sombrero nuevas ocurrencias sin el más mínimo asidero en la realidad y sin la más mínima rigurosidad científica. Nos hablaba con respeto y con honestidad, poniéndonos esos mismos remos en nuestras manos.</p>
<p>Entiendo que con ello él no se rebajaba a nuestro nivel; sino que nos colocaba en un plano del que sólo puede salir algo bueno para la causa revolucionaria… lo cual es lo que verdaderamente importa. Eso debemos copiarlo de Roberto y apreciarlo como un verdadero legado revolucionario…</p>
<p>Por último, la mayor muestra de admiración y respeto hacia la memoria de Roberto, es la de esforzarnos por realizar las tareas que a cada quien nos tocan, siguiendo la ejemplar vida de Roberto; proponernos ser como él, sobre todo, en lo que concierne a tener una práctica consciente; una práctica irreverente ante toda estupidez… y, al mismo tiempo, una práctica relevante y contundente; para ser mejores personas y mejores revolucionarios en cada uno de los espacios en los que desarrollemos nuestra práctica social.</p>
<p>Que nos vean y nos sientan como personas diferentes, dispuestas a ejercer la hermosa solidaridad y la crítica sin contemplaciones para con nadie; la ternura y la innegociable lucha por la justicia, cuales sean las consecuencias.</p>
<p>Superemos lo rancio y caduco del ayer; renunciemos a todo lo que tengamos que renunciar y asumamos todo lo positivo y práctico de la herencia que nos legaron quienes nos precedieron en esta lucha, en la más hermosa y desafiante empresa que alguien pueda proponerse… Marchemos confiados en la justicia de nuestra causa…y de que por más oscura que sea la noche, el sol saldrá. Que tantos esfuerzos, energías y sacrificios darán los buenos frutos de paz, justicia y fraternidad.</p>
<p>– <strong>Que imitemos el coraje de Roberto frente a toda adversidad;</strong></p>
<p>– Que sea nuestra la decisión de Roberto, de comprender las leyes que determinan el movimiento de la sociedad, para ser más efectivos como revolucionarios;</p>
<p>– Que el poder revolucionario de la verdad nos guíe en todo.</p>
<p>– Que nos propongamos entender, para así poder conectarnos con la manera de pensar, de sentir y de comportarse de la gente sencilla de nuestro pueblo; para que ella pueda hacer suya la lucha por una vida digna en todos los aspectos.</p>
<p>– Que seamos dignos hijos del viejo Roberto, tratándonos entre nosotros con el debido respeto y con absoluta e innegociable honestidad.</p>
<p>Y con estos cinco legados escuchemos a Roberto, quien nos sigue diciendo: “Hay mucho por hacer”</p>
<p>NOTA: <strong>Ponencia leída en el conversatorio virtual «Legado Revolucionario de Roberto Duvergé» realizado este martes 19 de julio, en ocasión del 33 aniversario de la muerte del comandante «Arturo».</strong></p>