actualizar sus reclamos: soberanía nacional, salarios dignos y justicia social en un país atrapado entre el crecimiento macroeconómico y la persistente desigualdad
Publicado: 24/02/2026
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Marcha izquierda
La movilización (encabezada por el Movimiento Popular Dominicano, el Partido Comunista del Trabajo, el Movimiento Caamañista, Fuerza de la Revolución, el Partido Patria Para Todos/as y el Referente de la Izquierda Dominicana), partió desde la Plazoleta La Trinitaria y avanzó por Villa Francisca, San Miguel y la Ciudad Colonial hasta concluir frente a la estatua de Francisco Alberto Caamaño, cerca del Parque Independencia.
El guion fue deliberadamente histórico. Los oradores invocaron a Juan Pablo Duarte, a Gregorio Luperón y a Caamaño como eslabones de una tradición de resistencia frente a la injerencia extranjera. La tesis central: la soberanía dominicana, aseguran, continúa “pisoteada”, ahora no por marines desembarcando en la costa sino por acuerdos, alineamientos y dependencias que consideran funcionales a Washington.
Uno de los portavoces más vehementes, Narciso Isa Conde, acusó al Gobierno de convertir al país en plataforma de presión contra naciones como Venezuela y Cuba, aludiendo a la presencia militar estadounidense en el Caribe. Evocó la intervención de 1965, un episodio que aún estructura el imaginario político de la vida nacional.
Desde el Frente Amplio, su presidenta, María Teresa Cabrera, habló de una “democracia con contenido social y humanista”, vinculando soberanía con lucha anticorrupción. Citó el caso de Senasa como prueba de que la indignación ciudadana ha escalado y sostuvo que solo la presión social evita que las investigaciones se diluyan en la burocracia judicial.
La agenda no fue exclusivamente geopolítica. Durante la concentración, previo a la marcha, también se oyó la voz feminista de Lourdes Contreras, del Centro de Estudios de Género del Intec, quien reclamó una política pública transversal de igualdad que involucre a los tres poderes del Estado y comience en las aulas. En su planteamiento, la violencia contra las mujeres y la desigualdad estructural no pueden tratarse como asuntos sectoriales, sino como fallas sistémicas de gobernanza.
El repertorio de demandas (salarios dignos, autodeterminación, freno a las “megamineras”, fin de la violencia de género), configuró un pliego amplio, aunque heterogénea. Esa amplitud es, a la vez, fortaleza. Fortalece porque conecta causas dispersas bajo una misma consigna patriótica.
La marcha fue muy ordenada, ni desató enfrentamientos, aunque la presencia policial fue visible. Su impacto nocional inmediato será probablemente limitado, debido al silencio de los grandes medios de comunicación, controlados por el gran capital financiero, el gobierno y los partidos tradicionales. Sin embargo, su significado no reside en la difusión de los medios tradicionales sino en el intento de la izquierda de reinsertarse en la conversación nacional, apropiándose del simbolismo independentista y reencuadrándolo como crítica al modelo de desarrollo actual, con el apoyo de medios alternativos y las plataformas digitales.
La soberanía y la memoria de 1965; el costo de la vida, el empleo y la seguridad ciudadana; son temas en los que se anclo la convocatoria. Si la izquierda consigue traducir épica histórica en propuestas económicas concretas, podría encontrar tracción. Para que otro febrero sea posible.