Masiva movilización en San Juan de la Maguana reactiva el conflicto socioambiental y presiona al Gobierno a frenar el proyecto minero Romero en la Cordillera Central.
Publicado: 23/03/2026
Por José López Gómez (Texto y fotos).
San Juan de la Maguana marchó en el Día Mundial del Agua, cientos de voces convirtieron las calles en un plebiscito a cielo abierto contra la minería metálica en la Cordillera Central. No hubo urnas, pero sí consignas; no hubo decreto, pero sí una advertencia política dirigida al poder. El mensaje fue firme: el agua no se negocia.
Marcha contra proyecto minero Romero en la Cordillera Central
Marcha contra proyecto minero Romero en la Cordillera Central
La movilización, articulada alrededor del rechazo al Proyecto Romero de la empresa GoldQuest, volvió a colocar en el centro del debate un tema estructural del modelo dominicano: desarrollo extractivo versus soberanía territorial. Desde el recinto de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en San Juan, la marcha avanzó como una procesión laica, entre pancartas que sintetizan décadas de conflicto: “El agua es vida, el oro no se bebe”.
Un conflicto que desborda lo ambiental
Manifestantes
Manifestantes
La Cordillera Central, además de geografía, es reserva hídrica, matriz agrícola y símbolo de supervivencia para el suroeste. Allí, donde nacen ríos que alimentan cosechas y sostienen economías locales, el proyecto minero aparece para muchos como una ecuación de alto riesgo.
Las organizaciones sociales y ambientales que encabezan la resistencia insisten en un concepto clave: licencia social. No basta con permisos técnicos o concesiones estatales; sin consentimiento comunitario, la minería se convierte en imposición. Y en San Juan, ese consentimiento (afirman), no existe.
El reclamo no es nuevo, desde hace años, colectivos como Suroeste Unido por el Agua y la Vida han sostenido una campaña persistente contra la explotación minera en la zona. La protesta del domingo es la continuación de una historia de resistencia que ha logrado articular campesinos, iglesias y sectores urbanos en una misma causa.
Voces técnicas: la disputa por la verdad científica
Entre las intervenciones más incisivas de la jornada se destaca la de Víctor Piña Campora (Vicky Piña), representante del Comité por el Agua y la Vida de San Juan, quien desplazó el debate del terreno simbólico al técnico.
Piña demandó la prohibición de la explotación en lo que definió como sistemas estratégicos para el equilibrio medioambiental, advirtiendo que cualquier intervención en esas áreas compromete la estabilidad hídrica de la Cordillera Central.
A su juicio, el planteamiento técnico del proyecto resulta inconsistente desde una perspectiva ambiental rigurosa. En ese sentido, acusó a la empresa GoldQuest de intentar confundir a la sociedad mediante la noción de “minería responsable”, un concepto que (según afirmó), no se corresponde con el impacto real previsto.
“El plan de operación, de ejecutarse, comprometería miles de metros cúbicos de agua por día”, sostuvo, señalando que la información corporativa encubre un uso intensivo del recurso hídrico incompatible con la vocación agrícola y ecológica de la región.
La afirmación introduce un eje determinante en la denuncia: no se trata solo de rechazo comunitario, sino de una confrontación sobre la legitimidad técnica del modelo extractivo propuesto.
El Estado en la encrucijada
Las consignas no eludieron al poder político. El presidente Luis Abinader y el Ministerio de Medio Ambiente recibieron emplazamiento directamente. La advertencia es directa, aprobar el proyecto sería, para los manifestantes, un punto de inflexión en la política ambiental del país.
Cada día es más creciente demandas de protección ecológica. El Estado queda atrapado entre dos lógicas (rentabilidad y sostenibilidad), que, en contextos como el de San Juan, parecen irreconciliables.
Religión, territorio y política
Uno de los elementos más singulares de la movilización fue la convergencia de liderazgos religiosos. Sacerdotes católicos y pastores evangélicos, históricamente distantes en otros terrenos, han encontrado en la defensa del agua un punto de coincidencia.
Este fenómeno se multiplica en América Latina, la oposición a proyectos extractivos ha encontrado en lo espiritual un dispositivo de cohesión social. San Juan se inscribe en esa tradición, la defensa del agua adquiere una dimensión social que trasciende lo ambiental.
Más allá de la protesta: un modelo en disputa
Lo que está en juego es la definición del modelo de desarrollo. ¿Puede un país agrícola permitir intervenciones extractivas en sus principales reservas hídricas? ¿Qué peso tiene la voluntad comunitaria frente a las políticas de inversión?
Epílogo abierto
San Juan ya fijó su posición. Falta saber si el Estado escuchará. En un país donde las decisiones estratégicas suelen tomarse lejos de la población, la presión social intenta invertir la lógica, que la montaña hable primero.
La Cordillera Central, silenciosa en su geografía, comienza a hacerse oír en la política. Y ese eco, como el agua que defienden, insiste en abrirse paso.