Desde el Movimiento Independiente Estudiantil de Liberación,MIEL19,recibimos con

alivio la aclaración de que FAPROUASD no busca eliminar las clases virtuales, sino 

apoyarlas. En realidad, lo que ha planteado es la necesidad de reorientar dichas clases 

para que tengan mayor calidad, mejor contenido y una organización más adecuada. 

Sin embargo, todavía existe preocupación por la posición de algunas autoridades de 

la UASD, ya que ciertos sectores han expresado estar de acuerdo con eliminar esta 

modalidad. Como movimiento estudiantil, nos oponemos a esas pretensiones, porque 

entendemos que las clases virtuales representan una herramienta importante para 

muchos estudiantes. 

Ahora bien, también debemos diferenciar claramente las clases virtuales de otras 

modalidades como las clases a distancia, las clases digitales improvisadas o las clases 

por WhatsApp. No es lo mismo una clase virtual bien planificada, con plataforma, 

materiales, interacción y seguimiento, que una simple asignación enviada por un grupo 

de mensajería. Esa confusión ha hecho mucho daño, porque ha permitido que algunos 

critiquen la virtualidad cuando en realidad el problema es la falta de organización y 

calidad en su aplicación. 

Parte de lo que ha ayudado a frenar la deserción universitaria ha sido precisamente la 

posibilidad de tomar clases virtuales. Muchos estudiantes trabajan, tienen 

responsabilidades familiares o viven lejos de los recintos universitarios. Para ellos, 

esta modalidad no es un lujo, sino una oportunidad para continuar estudiando sin 

detener su carrera. En la situación actual, donde cada estudiante debe hacer un 

esfuerzo mayor para cumplir con sus compromisos, quitar esta facilidad sería un golpe 

fuerte para la población estudiantil. 

Como MIEL19 reiteramos que tanto FAPROUASD como las autoridades universitarias 

deben tomar en cuenta la disminución de la matrícula estudiantil y buscar soluciones 

reales. La universidad debe ofrecer más facilidades, no menos. También debe asumir 

una filosofía de respeto a los derechos estudiantiles, abordando con seriedad los 

problemas que afectan a la UASD: servicios universitarios deficientes, baños en mal 

estado, procesos académicos lentos, falta de atención al estudiante y situaciones 

graves dentro del cuerpo docente. 

Asimismo, es necesario aplicar sanciones ejemplares a los profesores que cometen 

faltas graves, como acoso sexual, venta obligatoria de libros, reprobación masiva 

injustificada, firma de asistencia sin impartir docencia o falta de respeto hacia los 

estudiantes que necesitan orientación académica. La calidad educativa no depende 

solo de si la clase es presencial o virtual, sino también de la responsabilidad, ética y 

compromiso de quienes enseñan. Por eso, el debate no debe centrarse en eliminar las clases virtuales, sino en cómo 

mejorarlas. La UASD debe modernizarse, pero con orden, calidad y respeto hacia los 

estudiantes. 

 

Recomendaciones para mejorar las clases virtuales en la UASD 

1. Crear una plataforma virtual oficial y organizada, donde todos los profesores 

trabajen de manera uniforme, evitando la improvisación por WhatsApp u otros 

medios informales. 

2. Capacitar a los docentes en herramientas digitales, para que puedan impartir 

clases virtuales con calidad, buen contenido, participación y seguimiento real. 

3. Establecer reglas claras para la docencia virtual, incluyendo horarios, 

asistencia, entrega de tareas, evaluaciones y comunicación con los estudiantes. 

4. Garantizar que las clases virtuales sean realmente impartidas, no 

simplemente enviar tareas o documentos sin explicación. 

5. Mejorar la conectividad y el acceso tecnológico, ofreciendo apoyo a 

estudiantes con dificultades de internet o equipos. 

6. Supervisar el desempeño de los profesores, para evitar abusos, abandono 

de clases, reprobaciones injustificadas o falta de respuesta a los estudiantes. 

7. Diferenciar oficialmente las modalidades de enseñanza, dejando claro qué 

es clase virtual, clase presencial, clase a distancia y apoyo digital. 

8. Escuchar la opinión estudiantil, porque los estudiantes son los principales 

afectados por cualquier decisión sobre la modalidad de docencia. 

9. Mantener la virtualidad como opción válida, especialmente para materias 

teóricas, estudiantes trabajadores, madres, padres, personas con discapacidad 

o estudiantes que viven lejos. 

10. Evaluar la calidad de las clases virtuales cada semestre, para corregir 

fallas y fortalecer lo que esté funcionando bien. 

En conclusión, la virtualidad no debe verse como un problema, sino como una 

herramienta que necesita ser organizada y fortalecida. El verdadero problema no es la 

clase virtual en sí, sino la mala aplicación de esta cuando no hay planificación, 

supervisión ni compromiso. 

 

Dirección Ejecutiva