Situación del exilio dominicano en Europa tras los asesinatos de El Moreno y Miriam
Escrito por la redacción el Miércoles 6 de Julio del 2022.

El vil asesinato en Bruselas de Maximiliano Gómez (El Moreno), Secretario General y líder emblemático  del Movimiento Popular Dominicano (MPD), exiliado en Bélgica,  y siete meses después,  el horrendo crimen perpetrado contra Miriam Pinedo, también en Bruselas, por la Central de Inteligencia Americana (CIA), cuyas muertes apuntan al brazo ejecutor de su agente infiltrado Manolo Plata, llenó de estupor a la ciudadanía europea, y de miedo e incertidumbre al exilio dominicano radicado en Europa, pero principalmente en Bélgica, Suecia, Francia e Italia.

A tres años de esos horribles crímenes de Bruselas organizados por el  gobierno de Estados Unidos, las réplicas de ese monstruoso huracán fabricado en Washington, seguían conturbando el espíritu de las y los exiliados dominicanos radicados en el viejo continente.

Con esos asesinatos, el exilio dominicano en Europa no sólo se dividió y disgregó aún más,  sino que apareció en él una especie del síndrome de la duda, la incertidumbre y la desconfianza. Reacción lógica ante tan duro golpe político dado por el imperio norteamericano no sólo al MPD, sino también a todo el movimiento revolucionario dominicano.

Pero además, como consecuencia derivada de los escalofriantes sucesos mismos ocurridos, de una parte,  y la posiblemente producida de otra parte, por agentes de los organismos de inteligencia estadounidenses. Había que ser un profesional experimentado en las lides políticas para no caer en desasosiego y desesperanza.

Creo, en conclusión, que existía una psicosis de persecución, con su secuela de incertidumbre y desconfianza, a raíz de los asesinatos en Bruselas, de Maximiliano Gómez, el máximo dirigente del MPD, así como el asesinato cruel de Miriam Pinedo, quien además era la viuda Otto Morales, el otro carismático líder del MPD, asesinado por los esbirros de la dictadura de los 12 años del Dr. Joaquín Balaguer.

Para ese entonces los exiliados dominicanos y dominicanas éramos vistos como gente muy peligrosa en Europa.

Fue en esas difíciles condiciones que llegamos a París, a principios de 1975, cuatro compañeros de Voz Proletaria y Bandera Roja: entre ellos Julio Díaz Campusano, de Voz Proletaria, quien se había retirado a Perú, en “un recorrido de 12 mil lis”,  después que Juan B. Mejía, de Bandera Roja, quien encabezaba una delegación conjunta, que viajaba el 4 de agosto de 1974 en misión política a la República Popular China, fuera detenido en el aeropuerto Internacional de Las Américas, pero deportado a Francia en marzo de 1975.

Fue en ese momento difícil del exilio dominicano, donde  se yergue una vez más Juan B. Mejía, quien con su figura carismática y don de mando, propone a José Serulle Ramia, quien había terminado junto con su esposa Jacqueline Boin, su tesis doctoral de grado “Desarrollo del capitalismo en la Republica Dominicana”, crear el Comité Santo Domingo en Lucha, que sirviera de instrumento político del exilio dominicano, en especial del que estaba en Francia, idea  que fue acogida con entusiasmo por los demás compañeros, Amaury Justo Duarte, Elsa Justo y Julio Díaz Campusano (Malén).

Ese comité tenía como misión comunicar al exilio mundial que residía en Francia, la realidad política y social que vivía República Dominicana, denunciar la violación de los derechos humanos cometido por la dictadura del Dr. Joaquín Balaguer, y unificar al exilio dominicano, a pesar de la incertidumbre y el poco entusiasmo de algunos por integrarse a tan necesario instrumento político unitario.

El Comité Santo Domingo en Lucha tuvo una dirección compuesta por Juan B. Mejía, Fernando de la Rosa, Amaury Justo Duarte, José Serulle Ramia, Jackeline Boin y Julio Díaz Campusano, entre otros. Los esposos Serulle-Boin se convirtieron junto a Juan B. en los activistas de más prestancia del comité. Las conferencias de más importancia, económica y política, las exponían principalmente Juan B. Mejía y José Serulle.

Dondequiera que el exilio mundial, en especial el latinoamericano y caribeño, hiciera un acto político en París, se invitaba al Comité Santo Domingo en Lucha, que siempre asistía con un mensaje de solidaridad, algunos de los cuales eran leídos por Julio Díaz Campusano. Realmente este comité se convirtió en una autoridad solidaria, y en la fragua reunificadora en amistad y solidaridad de los exiliados y exiliadas de la Republica Dominicana, convirtiéndose Juan B, Mejía en el Embajador del exilio dominicano.

Después de los camaradas del Partido de los Trabajadores Haitianos (PTH), con el partido hermano que manteníamos las mejores relaciones internacionales y de trabajo solidario, era con el Partido Comunista del Perú (Patria Roja).

Para ese entonces ganamos a Serulle y Jacqueline para que  a través de la investigación económica, social y política de la Republica Dominicana, elaboráramos  y aprobáramos el Proyecto Programa de Gobierno a defender por nosotros y nosotras en el Congreso de la Unidad Marxista-Leninista, lo cual se hizo realidad al regresar al país. Ellos estaban muy cerca de Bandera Proletaria. Serulle fue  electo miembro del Comité Central del Partido de los Trabajadores Dominicanos en su  Congreso de Fundación, en 1980.

Con Serge Gilles y el PTH, así como con otros dirigentes de ese partido, hicimos una sólida relación política.

Por esa relación fue que Juan B. y yo visitamos en Bruselas a Paul Denis, dirigente del PTH, para sostener una reunión con los camaradas haitianos residentes en ese país.

También aprovechamos la ocasión para visitar al dirigente sindical de la Central General de Trabajadores  Dominicanos (CGT), Bladimir Blanco, y a su compañera, la belga Ivonne Delieu, quien había sido la asistente social asignada a Miriam Pinedo, con quienes sostuvimos una conversación de temas generales.

Las  relaciones políticas con Serge Gilles y con Paul Denis se rompieron, al ellos asumir  a su regreso a Haití, posiciones políticas diferentes a las que tenían en Francia y Bélgica.

Como se podrá comprender con relativa facilidad, el trabajo político democrático, abierto y solidario, impulsado por el Comité Santo Domingo en Lucha, pero en especial por Juan B. Mejía, cumplió con su objetivo, que con el regreso de los exiliados políticos a finales de 1978, con el ascenso a la presidencia de la República de Don Antonio Guzmán, y su Partido Revolucionario Dominicano (PRD), dejó de existir.

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