Según el Banco Central, la economía dominicana ha mantenido su crecimiento en el período de enero a septiembre de 2026, sosteniendo una tendencia positiva que se ha prolongado durante décadas. Sin embargo, surge una pregunta ineludible: ¿por qué el pueblo continúa padeciendo tantas carencias?

Según una publicación del periódico Hoy: «En los barrios vulnerables del Gran Santo Domingo, las deficiencias tienen un rostro cotidiano: hogares que almacenan agua porque no llega con regularidad, calles deterioradas que afectan los vehículos y dificultan el tránsito, y familias que deben estirar sus ingresos para hacer frente al costo de los alimentos». A esto se suman los apagones de hasta ocho horas y las viviendas en condiciones precarias. Como señala Bautista Mueses, la falta de oportunidades laborales y las deficiencias de los servicios públicos contribuyen a mantener a las familias en condiciones de pobreza.

Esta discordancia entre el crecimiento económico y la satisfacción de las necesidades básicas es la que debemos enfrentar. Ello implica desplazar del poder a la oligarquía, pues esa minoría, en complicidad con sus socios políticos, ha logrado que la riqueza generada en el país sirva únicamente para incrementar su propio patrimonio, mientras el pueblo observa cómo sus problemas se agravan de manera crónica.