Ingeniero agrónomo, sindicalista, candidato presidencial y militante de izquierda hasta el último día, Almánzar encarnó una forma de hacer política que la República Dominicana todavía busca: con ética, desde el pueblo y sin traicionar jamás sus convicciones. Falleció hace 11 años, la mañana del 27 de mañana de 2015; su compañera de toda la vida, María Josefina Cantisano Rojas nos narra hoy su vida.

Ramón Almánzar no eligió la izquierda como quien elige una carrera o un partido. La izquierda lo eligió a él desde antes de que pudiera nombrarlo. Nació el 20 de septiembre de 1953, en plena dictadura trujillista, tercer hijo de nueve en una familia monoparental de un barrio marcado por la vulnerabilidad.

La desigualdad no fue para él un concepto aprendido en un aula: fue la caja de limpiabotas que cargó de niño para llevar algo a la boca de sus hermanos. Como diría Frei Betto —y como él mismo vivió en carne propia—, "la cabeza piensa donde los pies pisan", frase que compartió con su compañera de vida, la pedagoga María Josefina Cantisano Rojas

Lo cierto es que los pies de Ramón pisaron el hambre, la precariedad y la injusticia, y su cabeza nunca olvidó ese territorio mocano del cual provino.

Esa misma raíz popular atravesó su formación como Ingeniero Agrónomo y sus 17 años en la Secretaría de Agricultura. No fue el técnico que mira el campo desde un escritorio: fue el extensionista que leyó en el campesino y la campesina la misma explotación que había conocido de niño en el barrio.

Desde ahí construyó su visión sobre la desigualdad estructural dominicana, y desde ahí también libró sus batallas en la Asociación Nacional de Ingenieros Agrónomos (ANPA) y en las estructuras sindicales donde militó durante décadas, peleando por el respeto a los derechos humanos, por las libertades de asociación y por condiciones laborales dignas. "No era un ideólogo que bajaba línea: era un hombre que conocía el nombre y la historia de cada persona cuya causa defendía", expresión que surge de las respuestas escritas con el poder de la memoria de Cantisano Rojas.

Lo que hace singular el legado de Almánzar —hoy, a once años de su muerte— no es solo lo que hizo, sino cómo lo hizo.

En la República Dominicano la cooptación política es una práctica casi institucionalizada, él se postuló dos veces a la presidencia por el Movimiento Alternativa Revolucionaria no para ganar sillones, sino para instalar ideas. Militó en la Línea Roja, en el Partido de los Trabajadores Dominicanos y terminó como vicepresidente del Movimiento Patria para Todos —no por ambición de cargo, sino por convicción unitaria—.

Su secreto, afirman quienes lo conocieron, no era ningún secreto: era la certeza plena de que sí es posible hacer política con ética, transparencia y confianza en el pueblo. Esa certeza, hoy, sigue siendo la deuda más grande de la izquierda dominicana consigo misma.

En un diálogo mediado por la escritura, con matices biográficos, familiares y políticos, en el cual la la maestra María Josefina Cantisano Rojas recoge un legado

1 de 3 | Ramón Almánzar hombre político y activista que abrazó de cerca las causas del pueblo dominicano.2 de 3 | Una de las tensas situaciones políticas en la que Ramón Almánzar representó al pueblo dominicano.3 de 3 | Ramón Almánzar en su hogar, junto a su compañera, la pedagoga María Josefina Cantisano Rojas, y su madre, Idalia Almánzar.

Doce preguntas para recoger el legado de Ramón Almánzar

¿Cuál fue el momento o la experiencia que convirtió a Ramón Almánzar en un hombre de izquierda? ¿Hubo un punto de quiebre, una injusticia concreta que lo marcó para siempre?

El 20 de septiembre del 1954 la sociedad dominicana vivía no uno, sino varios puntos de quiebre llamados injusticias, desigualdades, exclusiones, hambre, miseria, asesinatos, desapariciones, encarcelamientos cotidianos de la dictadura trujillista. En ese contexto de profunda oscuridad democrática, de bienestar social y de libertades doña Idalia Almánzar “daba a luz” a Ramón. Ser el tercer hijo de nueve, en una familia monoparental, en un barrio de marcada vulnerabilidad, las precariedades alimentarias y de salud le hablaron del trabajo infantil traducido en una caja con cepillo, pasta marrón, negra y paño en manos el limpiabotas salió a buscar cómo brillar las tripas de sus hermanas, hermanos por lo menos para un “chao”. Pienso entonces, en una idea especialmente popularizada por intelectuales como Frei Betto y Paulo Freire: "la cabeza piensa donde los pies pisan".

Almánzar era Ingeniero Agrónomo y trabajó 17 años en la Secretaría de Agricultura. ¿Cómo se conjugaban en él el técnico y el revolucionario? ¿Esa formación agraria moldeó su visión sobre la desigualdad en el campo dominicano?

Más que los dispositivos de la formación agraria, su visión sobre la desigualdad desde la responsabilidad como técnico de extensión Ramón la reafirmó en la lectura del contexto rural, de las limitaciones del campesino, de la campesina, de las y los productores del campo quienes también vivían en la explotación agropecuaria.