Demócrata (Hillary Clinton, Tim Walz, gobernador de Minnesota, entre otros líderes estadounidenses), además de representantes del Partido Socialdemócrata alemán y del Partido Laborista inglés.

Como se observa, fue un evento que reunió a diversos sectores del quehacer internacional que tienen sus propias ideas (distintas por demás) sobre temas como el de Ucrania y el régimen de los ayatolás en Irán.

La primera reacción del trumpismo fue que esa cumbre era de izquierda (cuando no fue así), sino progresista, a sabiendas de que son términos distintos para asignar naturalezas diferentes; no todo izquierdista es progresista ni todo progresista es de izquierda. Argumentan después que esa era una cita antinorteamericana, cuando por sus características no lo fue (estaban presentes grandes autoridades y líderes norteamericanos, lo cual desmiente esa afirmación); lo que sí hubo fue una plataforma programática contra el discurso de Donald Trump, que está llevando al mundo hacia grandes encrucijadas, recorriendo incertidumbres nunca vistas en este mundo, lo que genera convulsiones altamente peligrosas para todos.

Además, en esa cumbre estaban participando quienes probablemente sean los sustitutos del trumpismo en EE. UU. en un futuro no muy lejano (todas las elecciones las han ganado y los gráficos de las encuestas están diciendo que son ellos quienes ganarán las elecciones de medio término (en noviembre próximo), como preludio de lo que pasará dos años después en las presidenciales).

Por lo que cualquier participación en ese evento es estratégicamente importante para el futuro democrático del país y del hemisferio.