03
de Mayo de 2026
En la práctica municipal
dominicana, la rendición de cuentas se ha consolidado como un acto
institucional reconocido: presentaciones formales, discursos, listado de obras
ejecutadas y logros alcanzados durante el año. Es un ejercicio que aporta valor
en términos de transparencia básica.
Sin embargo, hay una pregunta
clave: ¿este ejercicio permite realmente a la ciudadanía entender cómo se
maneja el gobierno local? Porque no es lo mismo rendir cuentas que explicar las
cuentas.
El marco legal es claro en
cuanto al fondo. La Ley 176-07, que rige los gobiernos locales en la República
Dominicana, establece en sus artículos 246 y 359 que los servidores públicos
deben rendir cuentas ante los ciudadanos, explicando sus acciones, el uso de
los recursos y sometiéndose a mecanismos de control.
Aunque en la práctica este
deber se ha materializado en un acto anual, la ley no lo define como un evento
único ni establece una fecha o formato específico. Lo que sí establece es una
obligación más amplia: rendir cuentas de forma continua, explicando el uso de
los recursos y respondiendo ante la ciudadanía a través de mecanismos de
información y transparencia institucional.
Rendición de cuentas municipal: no es solo mostrar, es explicar.
03
de Mayo de 2026
En la práctica municipal
dominicana, la rendición de cuentas se ha consolidado como un acto
institucional reconocido: presentaciones formales, discursos, listado de obras
ejecutadas y logros alcanzados durante el año. Es un ejercicio que aporta valor
en términos de transparencia básica.
Sin embargo, hay una pregunta
clave: ¿este ejercicio permite realmente a la ciudadanía entender cómo se
maneja el gobierno local? Porque no es lo mismo rendir cuentas que explicar las
cuentas.
El marco legal es claro en
cuanto al fondo. La Ley 176-07, que rige los gobiernos locales en la República
Dominicana, establece en sus artículos 246 y 359 que los servidores públicos
deben rendir cuentas ante los ciudadanos, explicando sus acciones, el uso de
los recursos y sometiéndose a mecanismos de control.
Aunque en la práctica este
deber se ha materializado en un acto anual, la ley no lo define como un evento
único ni establece una fecha o formato específico. Lo que sí establece es una
obligación más amplia: rendir cuentas de forma continua, explicando el uso de
los recursos y respondiendo ante la ciudadanía a través de mecanismos de
información y transparencia institucional.
Ahí es donde aparece la
principal brecha entre la formalidad y la transparencia real. En muchos
municipios se cumple con el acto, pero no necesariamente con el contenido. Se
presentan obras y resultados, pero pocas veces se explica cómo funciona el
presupuesto municipal, cómo se distribuyen los recursos o cuáles son los costos
reales de operar un gobierno local.
Y ese punto es determinante. El
presupuesto municipal no es un monto libre. La Ley 176-07, en su artículo 21
—recientemente actualizado por la Ley 75-25—, establece que los recursos deben
distribuirse en componentes específicos, con porcentajes definidos por ley:
inversión en obras, servicios municipales, programas sociales vinculados a
educación, salud y género, y gastos de personal.
A esto se suma otro elemento
estructural. La Ley 166-03 establece que los gobiernos locales deben recibir
transferencias equivalentes al 10% de los ingresos del Estado. Aunque este
porcentaje no se ha alcanzado plenamente, estas transferencias siguen siendo
una fuente clave de financiamiento para la operación municipal, generalmente
complementadas por ingresos propios —muchas veces limitados— provenientes de
impuestos y arbitrios.
Sin entender estos elementos
—cómo se organiza el presupuesto y de dónde provienen los recursos— resulta
difícil que la ciudadanía pueda evaluar con criterio la gestión pública.
En ese contexto, comienzan a
surgir experiencias que apuntan en otra dirección. Un caso reciente es el de la
Junta Distrital de Monte de la Jagua, Moca donde la rendición de cuentas
incorporó la explicación del manejo financiero como parte central del
ejercicio.
Más allá de presentar
resultados, se abordaron aspectos clave para la comprensión ciudadana. Se
explicó cómo se estructura el presupuesto y cómo se ejecuta en la práctica,
mostrando escenarios reales de gasto en un “mes típico”: combustible,
mantenimiento, operación de servicios y compromisos laborales. Esto permite
entender que la gestión pública no se limita a obras visibles, sino que implica
una operación constante que requiere planificación y control.
También se presentaron recursos
gestionados fuera del presupuesto ordinario, evidenciando la capacidad del
gobierno local para atraer fondos adicionales en beneficio del territorio. Este
tipo de enfoque cambia la lógica del ejercicio.
La rendición de cuentas deja de
ser una exposición de resultados y pasa a ser una explicación del
funcionamiento del gobierno. Y ahí está el punto central: no se trata solo de
cumplir con el acto, sino de lograr que la ciudadanía entienda.
La rendición de cuentas
necesita evolucionar hacia formatos más claros, comprensibles y basados en
información útil para el ciudadano. Porque la transparencia no se agota en
mostrar datos; se trata de hacerlos entendibles.
En un entorno donde muchas
veces la rendición de cuentas se queda en la formalidad, avanzar hacia
ejercicios más explicativos representa un paso importante hacia una gestión
pública más madura.
Al final, el verdadero reto no
es rendir cuentas. El verdadero reto es explicarlas.
Ing. Ricardo A. López Taveras
Consultor en Tecnología,
Planificación, Proyectos y Gestión Pública
Ahí es donde aparece la
principal brecha entre la formalidad y la transparencia real. En muchos
municipios se cumple con el acto, pero no necesariamente con el contenido. Se
presentan obras y resultados, pero pocas veces se explica cómo funciona el
presupuesto municipal, cómo se distribuyen los recursos o cuáles son los costos
reales de operar un gobierno local.
Y ese punto es determinante. El
presupuesto municipal no es un monto libre. La Ley 176-07, en su artículo 21
—recientemente actualizado por la Ley 75-25—, establece que los recursos deben
distribuirse en componentes específicos, con porcentajes definidos por ley:
inversión en obras, servicios municipales, programas sociales vinculados a
educación, salud y género, y gastos de personal.
A esto se suma otro elemento
estructural. La Ley 166-03 establece que los gobiernos locales deben recibir
transferencias equivalentes al 10% de los ingresos del Estado. Aunque este
porcentaje no se ha alcanzado plenamente, estas transferencias siguen siendo
una fuente clave de financiamiento para la operación municipal, generalmente
complementadas por ingresos propios —muchas veces limitados— provenientes de
impuestos y arbitrios.
Sin entender estos elementos
—cómo se organiza el presupuesto y de dónde provienen los recursos— resulta
difícil que la ciudadanía pueda evaluar con criterio la gestión pública.
En ese contexto, comienzan a
surgir experiencias que apuntan en otra dirección. Un caso reciente es el de la
Junta Distrital de Monte de la Jagua, Moca donde la rendición de cuentas
incorporó la explicación del manejo financiero como parte central del
ejercicio.
Más allá de presentar
resultados, se abordaron aspectos clave para la comprensión ciudadana. Se
explicó cómo se estructura el presupuesto y cómo se ejecuta en la práctica,
mostrando escenarios reales de gasto en un “mes típico”: combustible,
mantenimiento, operación de servicios y compromisos laborales. Esto permite
entender que la gestión pública no se limita a obras visibles, sino que implica
una operación constante que requiere planificación y control.
También se presentaron recursos
gestionados fuera del presupuesto ordinario, evidenciando la capacidad del
gobierno local para atraer fondos adicionales en beneficio del territorio. Este
tipo de enfoque cambia la lógica del ejercicio.
La rendición de cuentas deja de
ser una exposición de resultados y pasa a ser una explicación del
funcionamiento del gobierno. Y ahí está el punto central: no se trata solo de
cumplir con el acto, sino de lograr que la ciudadanía entienda.
La rendición de cuentas
necesita evolucionar hacia formatos más claros, comprensibles y basados en
información útil para el ciudadano. Porque la transparencia no se agota en
mostrar datos; se trata de hacerlos entendibles.
En un entorno donde muchas
veces la rendición de cuentas se queda en la formalidad, avanzar hacia
ejercicios más explicativos representa un paso importante hacia una gestión
pública más madura.
Al final, el verdadero reto no
es rendir cuentas. El verdadero reto es explicarlas.
Ing. Ricardo A. López Taveras
Consultor en Tecnología,
Planificación, Proyectos y Gestión Pública



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