Buenos días. La tragedia sísmica que enluta a Venezuela no es únicamente un drama nacional, es un doloroso episodio que entristece al resto de la humanidad y que, a la vez, enciende las alarmas exigiendo acciones de prevención en lo fundamental para América Latina. Se está ante un severo llamado de atención en una región atravesada por importantes fallas tectónicas, donde millones de personas habitan ciudades que crecieron con escasa planificación urbana, débiles sistemas de supervisión y, en muchos casos, una preocupante tolerancia hacia construcciones levantadas al margen de las normas de ingeniería. Los dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 ocurridos con apenas segundos de diferencia, además de los miles de réplicas, han provocado una catástrofe humanitaria de enormes proporciones, con miles de víctimas, decenas de miles de desaparecidos y barrios enteros reducidos a escombros. Las lesiones son muchas en tanto los terremotos no distinguen fronteras, ideologías ni condiciones sociales, la naturaleza solo libera su energía sin preguntar quién gobierna, quién construyó o quién supervisó, aunque queda claro que la diferencia entre una tragedia y una catástrofe suele depender menos de la fuerza del sismo que de la fortaleza de las instituciones encargadas de proteger la vida humana. La tragedia que hoy sufre Venezuela enseñanzas que ningún país latinoamericano debería ignorar porque la región descansa sobre un complejo sistema de placas tectónicas y fallas geológicas activas que tiene presencia desde México hasta Chile, pasando por Centroamérica, el Caribe, Colombia, Ecuador, República Dominicana, Perú y buena parte de Venezuela. Lo que verdaderamente preocupante no es que ocurran terremotos, porque eso resulta inevitable, sino que continúen desplomándose edificios que jamás debieron colapsar. Desgraciadamente en nuestros países latinoamericanos las leyes de construcción existen, pero con frecuencia no se cumplen. La corrupción, la improvisación, la permisividad oficial y la ausencia de inspecciones técnicas convierten los códigos sísmicos en simples documentos archivados, mientras proliferan edificaciones levantadas con materiales deficientes o procedimientos inadecuados. Por eso esta tragedia obliga a revisar la planificación urbana porque no basta con levantar edificios resistentes. Es indispensable identificar zonas de alto riesgo, restringir construcciones sobre fallas activas o terrenos inestables, fortalecer los sistemas nacionales de monitoreo sísmico, establecer protocolos permanentes de evacuación y educar a la población desde las escuelas sobre cómo actuar antes, durante y después de un movimiento telúrico. Las enseñanzas que deja la sentida tragedia que hoy sufre Venezuela son muchas, pero ahora es momento de que fluya sin parar la solidaridad internacional. Ningún país, especialmente uno golpeado simultáneamente por una crisis económica, política y social, puede enfrentar solo una emergencia de semejante magnitud. Las diferencias ideológicas deben quedar completamente relegadas frente al sufrimiento humano. La ayuda internacional no puede condicionarse a simpatías políticas ni utilizarse como instrumento diplomático. Ojalá que eso sea lo más que en definitiva importe…
Venezuela: Dolor y enseñanzas… Al Amanecer




Comentarios (0)
Dejar un comentario