Vecinos de La Otra Banda denuncian que una instalación de tratamiento permanece fuera de servicio desde 2004. Documentos oficiales registran intervenciones anunciadas en la zona en 2017 y 2022. Mientras tanto, persisten las reclamaciones por aguas contaminadas, calles deterioradas y servicios deficientes.

Santiago de los Caballeros.– Veintidós años son suficientes para que un niño llegue a la adultez, termine sus estudios y comience a trabajar. También deberían ser tiempo suficiente para determinar qué necesita una planta de tratamiento de aguas residuales para funcionar.

Sin embargo, en Villa Liberación, sector La Otra Banda, los moradores aseguran que una instalación destinada al saneamiento lleva más de dos décadas fuera de servicio por problemas mecánicos que, según denunciaron, incluyen dos motores dañados.

Información desde otra perspectiva

La antigüedad de la avería corresponde al testimonio comunitario y todavía requiere confirmación mediante el historial técnico de la instalación. Pero existe otra realidad documentada: los reclamos de Villa Liberación han atravesado distintas administraciones municipales y de servicios públicos sin que las intervenciones anunciadas hayan eliminado las denuncias actuales.

La pregunta ya no es solamente por qué falla una infraestructura.

Es por qué, tantos años después, los residentes siguen reclamando una solución.

En 2017 anunciaron el saneamiento de la cañada

El 21 de marzo de 2017, la Alcaldía de Santiago anunció el inicio de los trabajos de canalización y saneamiento de una cañada en Villa Liberación.

El entonces alcalde Abel Martínez encabezó el acto. Una publicación oficial del Ayuntamiento informó que se había utilizado maquinaria para retirar aguas contaminadas y residuos acumulados. También recogió el compromiso de completar el saneamiento de la cañada.

Ayuntamiento del Municipio de Santiago R.D.

Aquella intervención constituyó una actuación documentada; no corresponde describirla como una promesa sin ninguna ejecución.

Sin embargo, nueve años después, los comunitarios vuelven a denunciar contaminación en el entorno.

Esto obliga a esclarecer si la intervención de 2017 llegó a concluirse en su totalidad, qué extensión abarcó, qué mantenimiento recibió posteriormente y si los problemas actuales se localizan exactamente en el tramo intervenido.

Una obra puede ejecutarse y, aun así, resultar insuficiente para resolver un problema estructural.

Pero esa explicación debe venir acompañada de documentos, no solamente de nuevas ceremonias.

En 2022 anunciaron inversiones en aguas residuales

La historia administrativa no termina en 2017.

El 27 de enero de 2022, la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santiago (CORAASAN) anunció el inicio de varias intervenciones de saneamiento en La Barranquita y La Otra Banda, por una inversión conjunta cercana a RD$17 millones.

Entre los trabajos figuraba la reconstrucción de muros de gaviones en la estación de bombeo de aguas residuales de Villa Liberación.

La precisión es importante: aquella inversión correspondía a varios proyectos y no puede atribuirse íntegramente a la instalación de Villa Liberación.

Tampoco debe confundirse la reconstrucción de un muro de protección con la reparación de los equipos necesarios para poner en funcionamiento una planta de tratamiento.

Pero el anuncio confirma algo fundamental: las instituciones conocían la necesidad de intervenir infraestructura sanitaria en esa comunidad desde hace años.

La pregunta es qué se ejecutó, cuánto se pagó, cuál fue el estado final de las obras y por qué continúan las reclamaciones.

La avería tiene historia; las reclamaciones también

Ya en 2014, Diario Libre documentaba las quejas de residentes de La Otra Banda por aguas residuales que circulaban en las calles de Villa Liberación. Los moradores denunciaban malos olores, tuberías obstruidas y preocupación por las condiciones sanitarias de sus viviendas.

En abril de 2022, CORAASAN comunicó otra intervención: la instalación de una tubería para mejorar el abastecimiento de agua potable en Villa Liberación y Altos de San Rafael. La institución recogió testimonios de residentes que afirmaban haber recuperado el servicio después de años de precariedades.

No se puede negar aquella mejora documentada.

Pero tampoco ignorar que, en mayo de 2026, representantes de más de veinte sectores del suroeste de Santiago, entre ellos Villa Liberación, denunciaron nuevas deficiencias de suministro.

Esto plantea una distinción esencial: resolver una avería no significa garantizar que el problema no reaparezca.

La calidad de la gestión pública también se mide por la continuidad de los resultados.

Septiembre de 2026: otra vez ante las autoridades

El pasado 11 de septiembre, comunitarios de Villa Liberación hicieron públicas nuevas reclamaciones.

El sacerdote Juan Morillo Tejada y representantes de juntas de vecinos señalaron la contaminación de cañadas, los problemas de drenaje, las calles deterioradas y la paralización de una estancia infantil que consideran necesaria.

El dirigente comunitario Dionicio de los Santos expresó su deseo de recibir soluciones concretas, después de años de solicitudes.

La situación merece atención particular porque, según los residentes, las aguas contaminadas afectan el entorno de sus viviendas y terminan llegando al río Yaque del Norte.

No basta con que desaparezcan temporalmente las aguas acumuladas. Resulta necesario determinar si el sistema de tratamiento cumple su función y si los vertidos reciben el tratamiento correspondiente antes de llegar a los cauces naturales.

¿Qué falta realmente para reparar la planta?

Las declaraciones comunitarias apuntan a dos motores que llevan años averiados. CORAASAN, por su parte, dispone de antecedentes documentales de actuaciones sobre la infraestructura sanitaria de Villa Liberación.

Pero no fue posible establecer mediante la documentación pública consultada el diagnóstico técnico actualizado de esos motores, el presupuesto específico para sustituirlos ni una fecha oficial de puesta en funcionamiento.

Esas son precisamente las respuestas que necesita la comunidad.

También corresponde aclarar si la planta denunciada, la estación de bombeo intervenida en 2022 y los tramos de cañada afectados forman parte de un mismo sistema sanitario o requieren soluciones diferentes.

Sin ese diagnóstico, resulta prematuro afirmar que basta con comprar dos motores para resolver toda la contaminación.

Lo que no debería ser prematuro, después de tantos años, es exigir que las instituciones presenten ese diagnóstico.

Una deuda que necesita expedientes y fechas

Villa Liberación no necesita que se nieguen las inversiones realizadas.

Necesita saber qué resultados produjeron.

La Alcaldía anunció una intervención de saneamiento en 2017. CORAASAN anunció trabajos sobre infraestructura sanitaria en 2022. Los residentes volvieron a denunciar problemas en septiembre de 2026.

Tres momentos documentados. Una comunidad que continúa reclamando.

El expediente debería permitir conocer qué trabajos fueron terminados, cuáles requieren mantenimiento, qué desperfectos nuevos se han producido y cómo se distribuirán las responsabilidades institucionales.

La respuesta también debe incluir un calendario público de inspección, contratación, reparación y puesta en servicio.

Porque el paso del tiempo no puede convertirse en sustituto de una explicación administrativa.

Veintidós años sin funcionamiento es una denuncia comunitaria que las autoridades tienen la oportunidad y la responsabilidad de esclarecer con documentos.

Si la cifra es incorrecta, corresponde mostrar el historial de operación.

Si es correcta, corresponde explicar por qué una instalación sanitaria permaneció tanto tiempo fuera de servicio y cómo se corregirá.

En Villa Liberación, la respuesta pendiente ya no cabe en otro anuncio. Tiene que verse en el funcionamiento de las instalaciones, en las calles saneadas y en las condiciones de vida de sus residentes.