Hoy quiero dedicar unas palabras de reconocimiento, respeto y admiración a un hombre que ha dejado huellas imborrables en el corazón de nuestro pueblo, Licey al Medio: el honorable profesor Ramón López.

Un gran educador, consejero, hombre de principios y orgullo de nuestra comunidad. Un ser humano que no solamente se dedicó a enseñar en las aulas, sino que también entregó su tiempo, su amor y sus mejores consejos a tantas generaciones de jóvenes liceyanos.

Yo fui uno de esos jóvenes que tuvo el privilegio de estar bajo su enseñanza. Lamentablemente, no pude alcanzar los estudios que él tanto deseaba para mí, a pesar de sus consejos, de su preocupación y del cariño con el que siempre intentó orientarme. Pero si algo aprendí, fue a valorar el corazón de un hombre que se preocupaba sinceramente por el futuro de sus estudiantes.

El profesor Ramón López no era solamente un maestro que cumplía con su horario de clases. Era un hombre que, al terminar su jornada educativa, continuaba sirviendo a los demás, aconsejando a los jóvenes y tratando de guiarlos por el camino correcto. Incluso cuando veía a muchachos tomar caminos equivocados, nunca dejaba de aconsejarlos, porque creía en la juventud y en la posibilidad de que cada persona pudiera cambiar su vida.

Y como si todo eso fuera poco, al salir de dar sus clases, tomaba su guitarra y se dirigía a la iglesia, llevando consigo su talento, su fe y su vocación de servicio. ¡Qué hermoso ejemplo de vida nos ha dado este gran hombre!

Un hombre de honor, serio, humilde, dedicado a la educación y comprometido con Dios y con su pueblo. Personas como Ramón López son las que engrandecen una comunidad y merecen que su legado sea reconocido mientras todavía podemos abrazarlas, agradecerles y decirles cuánto significan para nosotros.

Por eso, considero que el profesor Ramón López merece un homenaje especial de nuestro pueblo, y por qué no, que algún día se levante una estatua en su honor en Licey al Medio. Porque las estatuas no deberían levantarse solamente para recordar a quienes ya no están, sino también para reconocer en vida a quienes han dedicado su existencia a formar mejores ciudadanos.

Licey al Medio tiene una deuda de gratitud con hombres como él. Su legado no se mide solamente por los estudiantes que pasaron por sus aulas, sino también por cada consejo que ofreció, cada joven que intentó orientar y cada vida que tocó con su bondad.

¡Profesor Ramón López, gracias por tanto! Gracias por su entrega, por sus enseñanzas, por sus consejos y por ese amor tan especial hacia nuestra gente.

Que Dios lo bendiga abundantemente, que le conceda mucha salud, alegría, paz y larga vida, y que nunca pierda esa esencia que lo ha convertido en un hombre digno de admiración y respeto.

Que nuestro querido Licey al Medio nunca olvide a sus grandes hombres, especialmente a aquellos que, como usted, han sembrado educación, valores, fe y esperanza en el corazón de tantas generaciones.

¡Honor y reconocimiento en vida para el profesor Ramón López!

¡Muchas bendiciones para usted, honorable maestro! Que Dios siga iluminando su camino hoy, mañana y siempre. 🙏🎸❤️

Con respeto, admiración y cariño, un hijo agradecido de Licey al Medio.