Durante los últimos años, la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) ha experimentado una expansión importante de su infraestructura física. La apertura de nuevos centros universitarios y la construcción de modernas edificaciones han sido presentadas como uno de los principales logros de la gestión pasada, con el objetivo de acercar la educación superior a miles de dominicanos en todo el país. 

Sin embargo, es necesario plantear una pregunta que va más allá del cemento y de las fotografías de inauguración:

¿De qué sirve inaugurar nuevos centros si no existen suficientes profesores para atender la demanda estudiantil?
La SEDE se encuentra en un deterioro total en sentido General .

La verdadera fortaleza de una universidad no se mide por la cantidad de edificios que posee, sino por la calidad de la enseñanza que ofrece. Un aula nueva pierde su razón de ser cuando no hay docentes disponibles para impartir las asignaturas, cuando los estudiantes deben esperar semestres completos para cursar una materia o cuando la sobrecarga académica obliga a un mismo profesor a multiplicarse entre diferentes recintos.

A ello se suma otra realidad que no puede ignorarse. Muchos de esos centros carecen de las condiciones mínimas para desarrollar una educación universitaria de excelencia. La insuficiencia de laboratorios, bibliotecas actualizadas, conectividad estable, equipos tecnológicos y recursos audiovisuales limita el proceso de enseñanza-aprendizaje y reduce las oportunidades de formación integral de los estudiantes.

La educación superior del siglo XXI exige mucho más que paredes y techos. Exige aulas inteligentes, plataformas digitales eficientes, internet de alta velocidad, laboratorios equipados, bibliotecas modernas y espacios adecuados para la investigación científica. Sin estos elementos, la infraestructura corre el riesgo de convertirse únicamente en una obra física, sin el impacto académico esperado.

La expansión territorial de la UASD representa un avance importante para democratizar el acceso a la educación superior. Nadie puede negar el valor que tiene acercar la universidad a comunidades que históricamente estuvieron alejadas de la educación pública. Pero ese crecimiento debe ir acompañado de una planificación responsable que garantice recursos humanos, presupuesto, tecnología y condiciones dignas para enseñar y aprender.

Hoy la UASD necesita pasar de la inauguración de edificios a la consolidación de una verdadera calidad académica. Porque la universidad no se construye únicamente con bloques de concreto; se construye con profesores motivados, estudiantes bien atendidos, investigación, innovación y tecnología.

El verdadero éxito de una gestión universitaria no será recordado por la cantidad de cintas que cortó, sino por la calidad de los profesionales que formó y por la capacidad institucional de responder a las necesidades de la sociedad dominicana.

La UASD merece más que edificios nuevos; merece una educación de excelencia respaldada por docentes suficientes, tecnología moderna y condiciones adecuadas para cumplir con su misión histórica de ser la universidad del pueblo.
Dr Jesús Ramos F.