Mamá se ha marchado.
Amalia, mi heroína mayor, ha terminado sus días junto a nosotros, dándonos su última lección: estos días en una UCI ha luchado por su vida con coraje, ha resistido el dolor, ha mostrado hasta el último aliento su amor infinito, reducida su capacidad física a apretar firmemente nuestras manos, dejando en ello infinitos mensajes para descifrar, pero que jamás podré olvidar.
Mamá, mi heroína mayor. Esa mujercita hermosa y firme, almacén de integridad, honor, rectitud, trabajo y bondad sin límites.
La vida no le pagó nada de todo lo bueno que regaló a los demás.
Amalia del Carmen, y su eterna sonrisa, mamá y sus oraciones para un hijo que nunca ha creído en ninguna religión, esta mujer inmensa que me enseñó el verbo, para amar todo, perdonar siempre, trabajar, cuidar, reír, construir, dar. Ella, que de la nada hacía tanto que jamás comprendí cómo lo podía lograr.
Mi viejita ahora ya no me esperará, no perdonará mis ausencias ni mis faltas, no me justificará.
Ese valle hermoso de Bonao ahora no tendrá para mí ese azul y naranja que aprendí a mirar y a disfrutar con ella, ese paisaje que me anunciaba en minutos estaria en casa, porque mi casa era el lugar donde ella estaba.
Ese camino de 86 kilómetros ya no tendrá sentido, será un trillo vacío, gris, asfalto y arbustos, y montañas, y nada más. Ese río, Masipedro, correrá sin ton ni son, después de ser aquel lugar donde fui tan feliz con esta mujer que hacía cálidos los interminables días lluviosos del Bonao de mi niñez y la de mis hermanas Juana, Carmen y Ángela, lugar de su afán para que llegáramos temprano, alimentados y limpios a la escuela, inicio de la buena ciudadanía a la que ella aspiraba tuviéramos.
Mi hermosa madre, tan buena, tan altiva y protectora, tan dulce, tan firme y con el más alto sentido del decoro y la lealtad. Cuánto se pierde con su partida. Cuánto me queda por aprender de su ejemplo.
Mi Amalia descenderá a la tierra y con ello ya jamás la vida será lo mismo para mí.
Adiós, mamá. Como le dije esta noche, usted ha sido y siempre será mi brújula, mi norte moral, mi fortaleza. Ahora toca hurgar en la amorosa memoria para allí hallar el consuelo y el sentido a la vida golpeada con su partida. Usted cumplió más allá de lo debido. Usted honrró la vida. Mamá se ha marchado.


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