históricamente arraigadas.
No bastará digitalizar expedientes si continúan existiendo decisiones sin trazabilidad. No bastará crear indicadores si sus resultados no tienen consecuencias. No bastará publicar informes financieros si la comunidad universitaria no puede comprenderlos y fiscalizarlos. No bastará hablar de mérito si persisten excepciones discrecionales. Y no bastará descentralizar procedimientos si los recintos y centros continúan dependiendo de autorizaciones centrales para resolver cuestiones ordinarias.
La transformación administrativa será real cuando pueda sentirse en la vida cotidiana.
Cuando el estudiante tarde menos.
Cuando el profesor encuentre respuestas.
Cuando el investigador disponga oportunamente de los recursos aprobados.
Cuando los recintos puedan resolver problemas sin peregrinar administrativamente hacia la sede central.
Cuando el trabajador administrativo conozca sus derechos, responsabilidades y posibilidades de crecimiento.
Cuando se respete la carrera administrativa.
Cuando cada peso utilizado pueda ser explicado.
Administrar para cumplir la misión pública
El impacto esperado que presenta el programa resume la aspiración, reducción del papeleo y de los tiempos administrativos, servicios más ágiles, compras transparentes, mayor disponibilidad de infraestructura académica, mejor protección de los datos y una cultura basada en calidad, ética y rendición de cuentas.
Pero la verdadera medida del éxito será todavía más sencilla.
La comunidad universitaria deberá poder decir, al finalizar el período 2026-2030, que la UASD funciona mejor.
No solamente que tiene nuevas plataformas.
No solamente que posee nuevos reglamentos.
No solamente que informatizó determinados procesos.
Que funciona mejor.
Porque la Vicerrectoría Administrativa no debería aspirar a convertirse en el centro de la Universidad. Su misión es exactamente la contraria, hacer que el aparato administrativo funcione con tal eficiencia que permita que el verdadero centro —la academia y las personas que le dan vida—, pueda cumplir plenamente su propósito.
En una universidad pública, administrar bien no consiste simplemente en gastar menos o tramitar más rápido. Significa utilizar responsablemente recursos colectivos para producir conocimiento, garantizar derechos, formar profesionales y servir a la sociedad.
Administrar bien, en definitiva, también es hacer academia.
Y si la gestión del doctor Jorge Asjana David y del doctor Antonio Ciriaco logra convertir estas líneas programáticas en políticas verificables, institucionalizadas y sostenibles más allá de un período rectoral, la transformación administrativa habrá dejado de ser una promesa de campaña para convertirse en una reforma estructural de la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

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