Está paralización debe encender las alarmas en el gobierno. No se trata de un capricho, se trata de la necesidad urgente de crear mejores condiciones de trabajo y salariales para quienes tienen la responsabilidad de impartir justicia en los tribunales de la República.
No es posible que un juez que debe garantizar el estado de derecho de los ciudadanos, termine viendo 3 y 4 expedientes diferentes en tribunales distintos en la semana.
Con la presión del tiempo y la sobrecarga de casos, ese juez no tiene la serenidad, la tranquilidad, ni La paz mental para producir un fallo justo.
Y sin fallos justos, no hay estado de derecho. Hay frustración, impunidad y desconfianza.
Lo grave es el contraste que manifiesta todos los días: el gobierno es sumamente diligente cuando se trata de favorecer la politiquería.
Miles y miles de millones de dólares en préstamos para hacer nada. La mayor parte de esos recursos terminan en los bolsillos de empresarios y funcionarios que buscan agrandar sus fortunas.
Pero cuando se trata de buscar recursos para mejorar las condiciones de los jueces y otros sectores vitales para garantizar el desarrollo sostenido del país. Y este caso los jueces que son una de las columnas principales del sistema de justicia, ahí no hay prisa, no hay voluntad, no hay dinero.
Así no se construye un país.
Un país sin jueces con condiciones dignas, es un país sin justicia.
Y un país sin justicia, no tiene futuro.
Si el juez no tiene paz, tú no tendrás justicia.




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