El anuncio de Trump de una tregua de dos semanas entre Estados Unidos e Irán sonó bien en el titular. "Trump logra un cese al fuego". Bonito. Limpio. Falso. Porque a las pocas horas, Israel —que no firmó nada, por cierto— ya estaba atacando posiciones en Irán, y los Guardianes de la Revolución respondían con su "centésima ola" de ataques contra oleoductos y complejos energéticos vinculados a Estados Unidos y al propio Israel. Cien olas. Eso no es un arrebato. Es una doctrina militar.

Y aquí es donde el debate se vuelve incómodo para Washington.

Porque, seamos sinceros: Israel tiene un largo historial de boicotear sistemáticamente cualquier negociación seria mientras expande asentamientos y bombardea en silencio. Lo hizo en Gaza, en Cisjordania, en Líbano. Y ahora lo hace con Irán. Cada vez que la diplomacia asoma la cabeza, alguien en Tel Aviv o en Jerusalén la aplasta con un misil. No es conspiración. Es política de Estado.


Pero el otro lado de la moneda es Irán, y cuando anuncia que "responderá a cualquier agresión con un nivel aún más alto", hay que tomarlo en serio. Porque ya lo ha hecho. Y porque, francamente, tienen razón histórica al desconfiar: desde el derrocamiento de Mossadegh en 1953 hasta el asesinato de Soleimani, cada vez que Irán ha tendido la mano, Occidente le ha cortado los dedos.

Ahora viene la parte incómoda para los partidarios de Estados Unidos.

Donald Trump no fue a la guerra con Irán por interés estratégico estadounidense. Fue porque Netanyahu lo necesitaba. Y no es teoría de la conspiración. Está documentado: "Bibi" presentó mapas y diapositivas en la Casa Blanca, y Trump —el mismo que decía "salgan de esas guerras sin sentido"— se lanzó de cabeza (quién sabe si Epstein también presionó). ¿El resultado? Una guerra regional que nadie pidió, con el Pentágono actuando como fuerza aérea de Israel.

Así que cuando los Guardianes de la Revolución dicen que "los socios estadounidenses en la región han visto la incapacidad de Estados Unidos", no están haciendo propaganda. Están describiendo una realidad que los propios emiratíes y saudíes empiezan a susurrar en privado: Estados Unidos ya no es el sheriff fiable. Y si el "sheriff" no puede protegerte, tal vez sea hora de negociar con el "forajido".

La verdad incómoda es esta: mientras sigamos viendo cada tregua como un fin y no como un medio, mientras Netanyahu pueda torpedear acuerdos con impunidad y mientras la Casa Blanca actúe como su brazo armado, los únicos que ganan son los que quieren la guerra perpetua. Los que necesitan al enemigo para justificar su propio poder.

El alto el fuego de ayer no morirá por un misil iraní. Morirá por décadas de hipocresía, por la ausencia de un verdadero marco de rendición de cuentas y porque, en el fondo, nadie con poder real quiere la paz. La paz no factura. La guerra permite el control.

Y en esta región, el control sigue siendo una inversión.


Leo Karim ✍️